Realismo mágico en el norte profundo.
Los octavos de final de la Champions llegaban y el Tottenham Hotspur, un rival desconocido en esta época de éxitos que Simeone ha brindado a la afición rojiblanca. Los ingleses venían en una situación complicada, atravesando una racha desastrosa en la Premier que los tenía luchando apenas por la supervivencia; se preveía que el Atleti sería el superior y que podría infligirles otra derrota. Pero lo que ocurrió fue más allá de una simple derrota, algo difícil de comprender a menos que se vea desde la perspectiva del realismo mágico que se ha instalado en el Fondo Norte del Metropolitano desde el día contra el Barcelona, donde suceden cosas que parecen inverosímiles y, sin duda, son extraordinarias. En el minuto veintidós, el Atleti ya ganaba cuatro a cero. Llorente abrió el marcador ajustando un remate dentro del área tras un error del portero del conjunto inglés, Kinksky, en el minuto seis. En el catorce, tras una presión asfixiante del Atleti, que había olfateado el miedo en su presa, se produjo otra pérdida extraña y Griezmann anotó con una clase exquisita, dejando al portero al borde de un ataque de nervios. Pero un minuto después, en el quince, el guardameta checo falló un despeje y le dejó el balón muerto a Julián, quien solo tuvo que empujarla para el tres a cero. Aquello era un manicomio. El entrenador del Tottenham, Tudor, intentó poner un poco de cordura haciendo algo doloroso pero tal vez necesario. Sacó al portero en el minuto diecisiete y él se llevó una gran ovación del Metropolitano. No fue una ovación de burla, ni de sorna, ni siquiera de agradecimiento, fue un aplauso de compasión, escuchándose “pobre chaval”, mientras entraba el nuevo portero y se reanudaba la locura.
MADRID, SPAIN – MARCH 10: Julian Alvarez of Atletico de Madrid scores his team’s third goal, as Antonin Kinsky of Tottenham Hotspur looks dejected during the UEFA Champions League 2025/26 Round of 16 First Leg match between Atletico de Madrid and Tottenham Hotspur FC at Estadio Civitas Metropolitano on March 10, 2026 in Madrid, Spain. (Photo by Denis Doyle/Getty Images)
Porque lo que siguió fue otro gol, esta vez de Le Normand, que remató de cabeza tras una pelota parada. Vicario, el nuevo arquero, llevaba cinco minutos en el campo y ya había encajado su primer gol, el cuarto de su equipo. El Metropolitano transitó de la euforia a un estado de incredulidad. Era la Champions. Eran los octavos. Era el Tottenham. Y era un cuatro a cero, en veintidós minutos. Pedro Porro, en el veintiséis, tras un desajuste defensivo bastante grosero a la izquierda, marcó un gol para el conjunto inglés y eso fue como una inyección para adormecer el partido hasta el descanso. A Simeone casi le da un ataque en la banda.
Tras la reanudación, los ingleses, tocados en su orgullo, fueron mejorando en su disposición. Aumentaron la agresividad hasta el punto de que Richarlison y Van de Ven se jugaron sendas rojas por entradas durísimas a Llorente y Hancko, pero eso les sirvió para reconciliarse consigo mismos, no con su hinchada, que había abandonado el estado del Metropolitano hacía media hora. Mejoraron tanto que pudieron reducir distancias en un remate soberbio de cabeza que Oblak paró con una intervención milagrosa. En la misma jugada, tras un patadón para despejar, Griezmann tocó sutilmente, usando el talón, para dejar a Julián en ventaja, quien corrió desde su propio campo como un bisonte desbocado, llegó al área, cruzó, e hizo el quinto. Simeone pedía más, sabía que la serie se liquidaba en ese momento, y realizó cambios. Introdujo a Sorloth, a Nico, a Koke, a Barrios; buscó que el refresco trajera la sentencia definitiva, si es que no estaba ya, pero los cambios entraron como estaba el estadio, fríos. En el setenta y seis, tras un fallo estrepitoso de Oblak, que compensó su paradón anterior, el Tottenham hizo lo que parecía un gol de honor más que una posibilidad de algo más. El resultado final fue cinco a dos, un marcador que dejó un sabor amargo ya que todos esperaron por un momento un resultado escandaloso; un resultado que mostró lo mejor del equipo: cuando se lanza, a veces es imparable, y también lo peor: con casi nada, les marcan. Un resultado para aterrizar en Londres con cierta tranquilidad, mientras se aprende en el camino.



