Sergio Canales comparte su experiencia difícil en el Real Madrid a los 18 años.



Llegando del Racing de Santander y con solo 19 años, el cántabro Sergio Canales llegó a la capital con la etiqueta de promesa, aunque con la carga emocional inadecuada para afrontar el huracán blanco.


 


«No estaba listo para jugar en el Madrid», admite ahora con sinceridad en una entrevista con We Are Brave. Esta frase capta la dureza de su vivencia y contrasta con la ilusión desbordante que generó su llegada al Bernabéu, en la época de Mourinho, junto a otras figuras como Özil o Di María.


 


El salto sin paracaídas


Canales comenta que su decisión de unirse al Madrid estuvo influenciada por una condición clave: «Fue el único que me ofreció quedarme un año más en el Racing. No me veía preparado para el primer equipo y los demás no consideraban esa opción», confiesa. Pero ese plan se desvaneció rápidamente. Mourinho quedó encantado con su pretemporada y lo recompensó: «Me puso de titular en el primer partido, dejando en el banquillo a Özil y Di María».


 


La oportunidad que soñó se transformó rápidamente en un desafío. «Quería volver al Racing porque quería jugar, pero mi padre me convenció de quedarme. Todo sucedió muy deprisa», narra el futbolista, que se encontró con un entorno mucho más exigente de lo que había anticipado. «No aguantaba más de 55 minutos, y mentalmente me faltaba capacidad para afrontar el sufrimiento. Estaba lejos del ritmo de los jugadores actuales». Hambre de minutos, vacío emocional


 


Canales no solo luchó contra sus propias limitaciones, sino también contra la soledad que, según relata, marcó sus días en Madrid. «Lo pasé mal, fue un periodo muy duro. Por las tardes estaba en casa con las luces apagadas, llorando en el sofá», recuerda. La ansiedad dominó su rutina: «Les decía a mis padres que no quería estar en el Madrid porque sabía que no jugaría». En un gesto simbólico de aquel caos emocional, recuerda cómo «merendaba pizza por ansiedad, sin ser consciente de ello».


 


Las cicatrices invisibles… y las demás


Más allá de lo emocional, su cuerpo también le pasó factura. Su historial médico se convirtió en un tormento constante. «Con 21 años ya me había roto dos veces la rodilla y no paraba de lesionarme los isquios», lamenta. Cada recaída le obligaba a cambiar su estilo de juego: «Modificaba mi forma de jugar cada vez que me lesionaba». En uno de los momentos más difíciles de su relato, admite que «con la tercera lesión de rodilla casi no vuelvo a jugar» y revela que incluso canceló su viaje de luna de miel para continuar con la recuperación: «Mi suegra se fue con mi mujer», bromea.


 


Adiós al Betis, un nuevo comienzo en México


Después de su paso por Valencia, Real Sociedad y Betis, el actual jugador de Rayados de Monterrey declara que su salida del Villamarín fue otra decisión dolorosa, pero necesaria: «Me fui porque dejé de ser feliz. Me estaba superando, lloré mucho, tenía ansiedad». Reconoce que anhelaba un cambio de vida, una nueva etapa lejos de la típica presión: «Cuando me contactaron de Rayados, lo hablé con mi mujer y no dudé. Necesitaba otra vida, aunque fuera en el mismo idioma».


 


Ahora, en su madurez, Canales mira hacia atrás y no evade ninguna sombra. Asegura que ha aprendido, que se siente afortunado por lo vivido, pero que no olvida: «No tengo muchos recuerdos de aquella etapa en el Madrid; la mayoría los he borrado de mi mente porque no eran buenos».


 


Y en ese silencio, en esa ausencia de memoria voluntaria, puede que se esconda la confesión más humana de todas. Porque Canales no solo se rompió por las lesiones. También por las expectativas, el vértigo y la falta de tiempo. Y aunque no triunfó en el Madrid, su historia ayuda a comprender lo que hay detrás de un fichaje mediático: un joven de 18 años tratando de sobrevivir en la cima sin haber aprendido aún a escalar.

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