Tres jugadores de fútbol que retaron a Franco.
Hoy se conmemoran 50 años desde la muerte de Franco y el inicio de un gran cambio. La partida del dictador marcó la restauración de la monarquía y el comienzo de la transición, pero también el fin de una dictadura militar que había comenzado antes de terminar la Guerra Civil, en la que el fútbol también jugó un papel relevante.
Como uno de los deportes más seguidos de la historia, su capacidad para conectar con la gente ha sido utilizada a lo largo de los años por diferentes sistemas políticos como herramienta ideológica para infiltrar ideas en la sociedad. Los regímenes totalitarios del siglo XX fueron los primeros en reconocer el poder que la pasión por el “deporte rey” genera, y en esos contextos, el marketing político tuvo una relevancia crucial.
Un recurso primordial en el Franquismo
Franco no dudó en utilizarlo como una de sus herramientas para promover las virtudes del régimen. Para el franquismo, el deporte fue un medio para acercarse a la victoria, aparecer en la imagen y difundir su mensaje positivo hacia el mundo. El fútbol se adaptó a las pautas que llegaban desde El Pardo: paternalismo, uniformidad nacional y jerarquización.
Los clubes abandonaron los antiguos campos de fútbol para trasladarse a estadios más grandes y el público encontró en este deporte un medio para identificarse después del grave conflicto que habían atravesado. El régimen reconoció esa importancia social, y Franco, un ávido aficionado al fútbol gracias a la Quiniela (jugaba varias columnas cada semana), no dudó en apoyar su expansión.
El régimen controló a los periodistas que reportaban sobre el fútbol y se apropiaron de los clubes e incluso de los futbolistas. Sin embargo, también hubo quienes se atrevieron a desafiarlo. La historia de estos tres futbolistas simboliza a aquellos que, a pesar de todo, se enfrentaron al dictador:
Calpe, el madridista que se opuso a ir a El Pardo
Triunfó en el Real Madrid y levantó la Copa de Europa, pero su “no” a Franco quedó grabado en la historia.
Antonio Calpe, quien falleció en abril de 2021, destacó en el Real Madrid junto a De Felipe y el internacional de Alberic, Manolo Sanchís. Inició su carrera profesional en el CD Alcoyano, compitiendo en Tercera División durante la temporada 1961-62. En la campaña 1962-63 se unió al Levante UD, que competía en Segunda División, y al finalizar el año, logró ascender al equipo a Primera División. Curiosamente, Calpe jugó todos los partidos de esa temporada y fue titular en todos ellos. En la temporada 1965-66, fue transferido al Real Madrid CF, formando parte del famoso equipo ye-ye, y ganó cinco importantes trofeos, incluyendo cuatro campeonatos nacionales y la Copa de Europa en 1966. Y fue precisamente esa Copa la que rehusó mostrar al dictador.
El Real Madrid acababa de conquistar la sexta Copa de Europa, en 1966, conocida como ye-yé, y el equipo debía seguir el protocolo de la época: visitar a Franco en El Pardo. El capitán de aquel equipo, Ignacio Zoco, les comunicó a sus compañeros que debían asistir a la recepción con el dictador. No obstante, uno de ellos se negó. Antonio Calpe, quien solo había estado una temporada en el Bernabéu procedente del Levante, afirmó que no iba.
Calpe fue un hijo de la postguerra. Como muchos niños de su generación, creció con un balón en las calles de una Valencia aún marcada por las secuelas de la Guerra Civil. En su hogar, la guerra había dejado huellas muy profundas. A Antonio, de hecho, le pusieron ese nombre en honor a un tío fusilado. “No podía darle ese disgusto a la familia”, recordaba años más tarde, según publicó El País.
Sergio Manzanera y Aitor Aguirre: brazaletes en contra de Franco
Un 27 de septiembre de 1975, la dictadura de Francisco Franco llevó a cabo sus últimos fusilamientos. Las víctimas: Jon Paredes (Txiki) y Ángel Otaegui (miembros de ETA); José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y Xosé Humberto Baena, militantes de FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota). La decisión generó un amplio rechazo internacional, pero no hubo indulto de última hora para los condenados que se fueron a dormir con la certeza de que “tras la noche”, vendría “la noche más larga”, tal y como les homenajeó el cantautor Luis Eduardo Aute en su canción “Al Alba”.
Inesperadamente, un día después de las ejecuciones, dos futbolistas del Racing de Santander decidieron desafiar al franquismo luciendo un brazalete negro: ellos fueron Sergio Manzanera y Aitor Aguirre.
Los jugadores, a pesar del riesgo, no titubearon en saltar al terreno de juego con el simbólico brazalete durante el partido contra el Elche, que se llevó a cabo en los Campos de Sport del Sardinero. Aparentemente, su gesto pasó desapercibido, pero al descanso, al regresar al vestuario, la situación se volvió tensa. Según relata el Diario Montañés, “cuando los futbolistas volvían a los vestuarios, los cordones negros aún permanecían atados en las mangas blancas de las camisetas de Aitor y Sergio. Creyeron que nadie había notado el hecho, pero se equivocaban. Varios policías de paisano se acercaron a los futbolistas y les amenazaron: ‘O se quitan esos brazaletes inmediatamente o no saldrán a jugar el segundo tiempo, y se vendrán con nosotros a comisaría’.
Una multa considerable
Recibieron una multa de 100.000 pesetas cada uno, a pesar de que el fiscal solicitó hasta cinco años y un día de prisión para ambos jugadores. Sin embargo, la muerte de Franco hizo que la causa contra ellos se disolviera completamente y jamás se arrepintieron de sus acciones.
“Fue mi pequeño aporte hacia la democracia. Había una gran presión social, se presagiaba un cambio, aunque no sabíamos en qué dirección: si seguirían los herederos de Franco o vendría la democracia. Además, estoy en contra de la pena de muerte”, declararía años después Manzanera en una entrevista para Las Provincias.
Sin embargo, su acto les trajo consecuencias; Manzanera recuerda que tenía que dormir con un arma: “Era cazador en esa época. Recibimos amenazas de la extrema derecha, Fuerza Nueva, y había grupos que estaban completamente descontrolados y bajo órdenes del régimen. Se celebró un Consejo Nacional y se nos amenazó de muerte a mí, a Aitor Aguirre (el otro jugador que llevó el brazalete) y al presidente del Racing, que no tenía nada que ver. No me arrepiento. Ni yo ni Aitor Aguirre”.


