Un Atlético deslucido celebra la derrota del Rayo (3-0)


Los primeros diez minutos del partido en Butarque fueron insípidos. El Rayo Vallecano tomó la iniciativa, mostrando más corazón que cabeza, frente a un Atlético de Madrid afectado por el denominado efecto saludo. ¿Por qué? Porque difícilmente habrán jugado juntos el once inicial que dispuso Diego Pablo Simeone. Sin embargo, las decisiones del ‘Cholo’ eran comprensibles, ya que se avecinaba un partido importante contra el Brujas. Curiosamente, la primera gran ocasión del encuentro fue para los rojiblancos. Un centro de Nahuel Molina fue rematado de manera poco ortodoxa por Nico González, pero Mendy, en su intento de despejar, terminó enviando el balón al travesaño de la portería defendida por Augusto Batalla.

Después del susto en la portería del Rayo, el partido retrocedió a la casilla de salida, pero con el dominador cambiado. El Atlético de Madrid, apoyado por Mendoza y Cardoso, se convirtió en el dueño del encuentro. No obstante, esto no se tradujo en oportunidades de peligro. ¿La razón? Los rojiblancos seguían teniendo dificultades para desmeter la defensa organizada rival. Esta situación motivó al Rayo Vallecano, que se dio cuenta de que el león no era tan feroz como parecía. De hecho, los de Iñigo Pérez tuvieron dos buenas ocasiones pasados los treinta minutos: En la primera, Jan Oblak le negó el gol a De Frutos con una gran parada, y en la segunda, Nahuel Molina, in extremis, evitó un gol espectacular de Ilias Akhomach.

Ante las dudas de los rojiblancos, el Rayo Vallecano se mostró más animado. Y en esta ocasión, los de Iñigo Pérez mordieron: Primero Fran Pérez, tras un jugadón de Ratiu que desbordó a Matteo Ruggeri, y luego Óscar Valentín hicieron el 2-0 con el que se llegó al descanso. La vuelta de los vestuarios caricaturizó al Atlético de Madrid. Los jugadores de Diego Pablo Simeone comenzaron a cometer errores propios de un equipo de liga local, en lugar de uno de primera división. Malos controles, pases sencillos al rival… Ante esta situación, Simeone no se quedó con los brazos cruzados y sustituyó de una vez a un inofensivo Baena, al cono de entrenamiento Matteo Ruggeri y a Rodrigo Mendoza.

Los cambios revitalizaron al Atlético de Madrid, más por la actitud de los que permanecieron; aquí destaco a Nico González. Las imprecisiones de los futbolistas rojiblancos se volvieron casi cómicas por lo absurdas que resultaban. Por su parte, el Rayo Vallecano se mantenía atento para intentar lanzar un contragolpe, que no necesitó. En un nuevo despropósito defensivo de los rojiblancos, Nobel Mendy, con un cabezazo, sentenció el duelo. Finalmente, los presentes en Butarque supimos que Augusto Batalla estuvo presente. ¿Cuándo? A diez minutos del final, Giménez exigió lo mejor del guardameta rayista, quien evitó el 3-1 tras un córner. Desde entonces, y entre oles, se llegó al final de un partido que alegra a los rayistas, quienes logran salir del descenso, y neutraliza el impacto de la goleada sufrida contra el FC Barcelona para los rojiblancos.

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