Ana Santos: «Mi biblioteca es un desorden» | Cultura
Ana Santos ha disfrutado durante una década del trabajo posiblemente más anhelado para quienes aman los libros y lo público: directora de la Biblioteca Nacional de España (2013-2023). Tras su jubilación, esta licenciada en Geografía e Historia, oriunda de Zaragoza y con 68 años, ha sido galardonada con el premio Espasa de Ensayo por Sembrar palabras, un análisis a través de los siglos sobre la educación y la lectura como herramientas de emancipación para las mujeres.
Pregunta. ¿Ha conseguido comprender el origen de la desigualdad?
Respuesta. La clave radica en la educación. Ellas dependían de lo que se les enseñara. Y ellos no estaban dispuestos a que aprendieran ciertas cosas.
P. ¿Eran más libres en el convento que en el matrimonio?
R. Los conventos representaban un mundo de cultura letrada. Las mujeres que ingresaban debían saber leer y escribir para dejar constancia de sus creencias. Además, contaban con buenas bibliotecas. Pienso en Sor Juana Inés de la Cruz y otras que eligieron un convento donde se sentían más libres que en la opresión del matrimonio. Actualmente hay un creciente interés por la literatura de monjas, con investigaciones muy valiosas.
P. La mujer ha sido vista como inferior. ¿Aún persisten esos pensamientos?
R. Sin duda, y muchas lo sufren y lo soportan. Hoy en día, los políticos son conscientes del poder de voto en ellas y abogan por sus derechos, pero dentro de algunas familias, relaciones o ambientes laborales sigue presente la percepción de inferioridad. En lugares donde no se vota, la mujer permanece al servicio del hombre.
P. ¿Cuál es su recuerdo personal del franquismo?
R. Yo quería estudiar periodismo, pero no me dejaron salir de casa. Era una rebelde, y la reacción fue: “¡Horror! ¿Cómo se va a ir esta? ¡Está loca!» Así que estudié Geografía e Historia, aprobé las oposiciones para auxiliar de biblioteca en Zaragoza y me gustó tanto que solicité el traslado a la Complutense, y aquí me quedé. Mi colegio separaba a niños y niñas y era clasista. Las niñas que pagaban estábamos separadas de las que no hasta los 14 años.
P. ¿Qué ocurrió cuando se reunieron?
R. Al principio no fue sencillo, pero luego esas niñas demostraron ser mujeres excelentes y compañeras maravillosas; todavía nos reunimos y disfrutamos de vernos. Además, todo en ese puritanismo de moral católica era pecado. Era pecado besar a un chico, y cada vez que eso sucedía, debía confesame. Como usar bikini, el horror. La educación fue muy restrictiva, y vivíamos en una burbuja alejada de la realidad; cuando salías, debías enfrentarte a la vida de verdad.
P. ¿Y en el ámbito de la lectura?
R. Me compraban muchos libros y leía de todo. Un regalo típico eran las vidas de santos, la Biblia para niños…
P. ¿Los devoraba?
R. Sí, una de mis heroínas en la juventud fue Genoveva de Brabante, una santa con una vida completamente ficticia, que se refugió en una cueva con su bebé y un cervatillo que la amamantaba. ¡Yo quería ser como ella!
P. ¿Por qué termina el relato de su libro en 1936, antes del franquismo?
R. He relacionado sucesos del franquismo con otros períodos históricos donde ocurrieron circunstancias similares. El ideario de la sección femenina de Pilar Primo de Rivera, bajo el cual nos educaban, ejercía un gran poder sobre mujeres como mi madre y promovía la sumisión al marido. Había que ofrecerle las zapatillas a su llegada, no contradecirlo, arreglarse para verse guapa, cumplir con el deber matrimonial y siempre estar alegres y sonrientes. Esta educación era muy semejante a la idea de mujer expuesta por Fray Luis de León en La perfecta casada o Luis Vives en La educación de la mujer cristiana. También he relacionado la República con la Transición.
P. ¿No fue la Transición más lenta que la República para las mujeres?
R. Sin lugar a dudas. La República fue un estallido de creatividad, libertad y derechos en pocos años, y las mujeres fueron muy valientes. Nos costó más a nosotras porque arrastrábamos muchos años de dictadura y unas ideas muy difíciles de romper que aún persisten en parte de la sociedad.
P. ¿Qué rol juega la lectura en la emancipación femenina?
R. Es esencial. Desde la literatura pastoril, las mujeres han estado esperando a su príncipe, el que les proporcionará la felicidad. Por eso es crucial que la lectura dirigida a mujeres no sea censurada.
P. ¿Por qué lee más la mujer que el hombre?
R. Es una búsqueda de otros mundos y una vida diferente, porque quizás en la tuya no eres feliz, pero eres consciente de que anhelas esa felicidad. Eso no debe perderse nunca.
P. ¿Qué es fundamental al organizar una biblioteca?
R. Organizar de manera que se puedan encontrar los libros: por géneros, autores, colecciones, cronológicamente o por tamaños, que es un método que también se utiliza.
P. ¿Y cómo es su biblioteca?
R. Un caos (ríe).
P. ¿La exdirectora de la Biblioteca Nacional tiene un caos en casa?
R. Actualmente, la tengo dividida en dos casas y, cuando busco algo, a menudo no lo encuentro y acabo comprándolo de nuevo. En la mayor parte de mis libros, tengo un sistema de numeración y etiquetas que he ido creando conforme han llegado mis libros, además de un Excel para saber dónde localizarlos. Procuro organizar por géneros: novela, poesía, arte, y también tengo los libros que estudié en la universidad.
P. Muy caótico no parece.
R. La teoría funciona, pero luego busco a Antonio Colinas y puede que esté en cuatro lugares diferentes (ríe). Cada día llegan más cosas y no caben.
P. ¿Y como bibliotecaria pública, qué recomendaría?
R. Que los libros estén lo más accesibles y visibles posible, ya que los estándares internacionales exigen una clasificación que quizás el usuario no logrará encontrar.
P. ¿Lee en formato digital?
R. No. Solo consulto bibliografía digitalizada en repertorios científicos accesibles. Pero no puedo leer creación literaria en ese formato. Para mí, la lectura genera no solo placer intelectual, sino también físico. Me gusta tomar el libro, olerlo, pasar las páginas, observar la tipografía, el tipo de papel; una hermosa cubierta o una edición ilustrada me conmueve. Esa estética del objeto en sí me proporciona gran satisfacción y por eso prefiero los libros en papel, el deleite estético del objeto.
P. ¿Aún tienen las bibliotecas un propósito?
R. Definitivamente. No solo son lugares para tomar prestados libros, sino que también se encuentran conexiones con otras personas.
P. Mucha gente no sabe qué hacer con los libros cuando fallece el abuelo.
R. Es un problema significativo y ocurre con frecuencia. Las bibliotecas han perdido valor porque hoy se piensa, aprende y se comunica de manera muy diferente y las viviendas son más pequeñas. Es una pena, ya que son el reflejo del conocimiento de su dueño y representan colecciones únicas.
P. ¿Qué le ha aportado dirigir la BNE?
R. Cuando me convocaron para liderarla, dudé mucho debido al síndrome que todas arrastramos, pero enfrentarme a ese desafío me permitió crecer. Ha sido un privilegio, ahí se guarda el tesoro de nuestro país.
P. ¿Cuál fue su adquisición más curiosa?
R. Los archivos personales de creadores como Antonio Muñoz Molina, Luis Goytisolo, Rosa Montero, Juan Benet o los humoristas gráficos de la transición como Forges y Peridis. Asimismo, tenemos millones de URLs españolas. Organizar esa vasta cantidad de conocimiento es un desafío, pero estoy segura de que la IA ayudará en este aspecto.



