Ayuso conquista a los médicos al respaldar su enfrentamiento con Mónica García, quien movilizó la marea blanca en su contra.
El contexto estaba preparado por la marea blanca y las manifestaciones de noviembre de 2022, cuando más de 200.000 personas expresaron en el centro de Madrid su descontento acumulado tras años de jubilaciones masivas, fuga de profesionales y deterioro en las condiciones laborales.
La sanidad en Madrid se convirtió en el principal campo de batalla político.
En ese panorama se presentaban dos figuras muy diferentes. Por un lado, Ayuso. Enfrente, Mónica García, médica anestesista y en ese momento líder de Más Madrid en la Asamblea, quien había fundamentado gran parte de su discurso político en las reivindicaciones de los profesionales de la salud.
Durante esos meses, Mónica García canalizó el malestar de los médicos para confrontar con el Gobierno regional.
Sin embargo, como un bumerán, ese mismo colectivo que durante años fue un bastión contra Ayuso se ha transformado ahora en un desafío para la actual ministra de Sanidad.
Mónica García se enfrenta a paros del colectivo médico, mientras que el Gobierno regional se coloca del lado de los médicos.
Y es que luego de aquel periodo turbulento de protestas y negociaciones, Ayuso logró un acuerdo que incluía mejoras salariales y limitaciones en las agendas de los médicos, con compensaciones por turnos vespertinos y un número máximo de pacientes por jornada.
Fue un pacto que permitió a la presidenta madrileña dar por cerrado ese capítulo antes de las elecciones.
Ahora, la situación ha dado un giro de 180 grados.
La ministra de Sanidad se enfrenta a un nuevo conflicto con los sindicatos médicos debido a la reforma del Estatuto Marco, que no prevé un espacio específico para ellos.
Mónica García desea concentrar todas las profesiones sanitarias bajo el mismo reglamento.
Por su parte, el Gobierno madrileño ha prometido apoyar la creación de un estatuto específico para los médicos.
Con tres objetivos fundamentales: una mejor regulación de la jornada y de las guardias; mayor estabilidad laboral, evitando la temporalidad y el encadenamiento de contratos; y la creación de condiciones homogéneas en todo el país para evitar grandes disparidades entre comunidades en materia de plantillas y salarios.
Papeles invertidos
Tras una convocatoria de huelga que ya ha costado millones al sistema sanitario, esta semana se ha llevado a cabo la segunda semana de paro general.
Los médicos buscan que haya una semana de huelga al mes hasta que se escuchen sus demandas, y el servicio se encuentra cada vez más saturado.
Durante este enfrentamiento, el Gobierno de Ayuso ha criticado a Mónica García por no prestar atención a los facultativos, aunque lo hacía sin comprometerse a sus solicitudes.
Hasta que la consejera Fátima Matute anunció esta semana que Madrid apoya que los médicos cuenten con un estatuto propio y ha instado al Ministerio a cambiar de postura.
Madrid se convierte así en la primera comunidad que se posiciona junto a los médicos frente a la ministra, reforzando la sensación de bumerán político.
Este conflicto se entrelaza además con otra batalla: la creación del registro de médicos objetores del aborto, promovido por el Ministerio y históricamente rechazado por la profesión.
La Comunidad de Madrid, nuevamente, se ha colocado en oposición al Ministerio, intentando satisfacer las demandas de los profesionales.
Cinco años después de que la sanidad se convirtiera en el terreno de confrontación entre Ayuso y García, la historia continúa, pero con los roles invertidos.
El escenario vuelve a ser el mismo: los médicos que sirvieron durante años de apoyo político a García frente a Ayuso son ahora el colectivo que la presidenta intenta atraer.



