Beirut desafía el temor tras la agresión israelí más mortífera: “Que nos eliminen lo antes posible” | Internacional
Los residentes más observadores del barrio de Corniche el Mazraa, en el corazón de Beirut, saben exactamente dónde dirigir su mirada. Allí donde antes se erguía una torre residencial ahora se extiende un inmenso agujero, como si un botón hubiera hecho desaparecer el suelo bajo la edificación. Las fachadas de los edificios colindantes están carbonizadas o han cedido. Ante esta triste realidad, decenas de soldados, paramédicos, bomberos y operarios continúan con las labores de rescate. Otros, como Ziad, intentan retornar a la normalidad a pesar de la escalada provocada por el ejército israelí, que ha dejado un saldo de múltiples muertos frente a su negocio. “Ya está, dejad que nos maten a todos cuanto antes”, expresa este jueves desde el otro lado del mostrador: “Pero prefiero que me maten en mi barrio”.
La contundente ofensiva que Israel desató sobre Líbano el miércoles —la más intensa en cinco semanas de conflicto, con 160 bombardeos en 100 ubicaciones distintas en solo 10 minutos— afectó a áreas de Beirut que hasta entonces se habían mantenido intactas, y buscó fragmentar el delicado cese de hostilidades acordado entre Estados Unidos e Irán, aunque Pakistán, mediador de la tregua, había anunciado la inclusión de Líbano en un alto el fuego regional y urgente.
Tras la negativa de la Administración de Donald Trump sobre el miércoles, afirmando que Líbano no se beneficiaría de la tregua —desmintiendo al primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, quien era presentado como amigo personal del estadounidense—, los líderes libaneses intensifican su presión para que Líbano no sea ignorado.
La diplomacia en movimiento
La oficina de Sharif comunicó este jueves que se realizará una llamada telefónica con su homólogo libanés, Nawaf Salam, para discutir el fin de los ataques israelíes. Mientras tanto, otros actores también toman la iniciativa. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, reafirma que las hostilidades hacia su aliado Hezbolá, que mantiene armamento en Líbano a pesar de que Beirut lo haya prohibido, constituyen una violación de la tregua con EE.UU., y advierte que Teherán “no dejará solo al pueblo libanés”. A su vez, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sorprendió al anunciar la apertura de negociaciones con el gobierno de Beirut, un verdadero avance hacia lo desconocido entre dos naciones sin lazos diplomáticos y en estado de guerra desde la creación de Israel en 1948.
Sin embargo, mientras la diplomacia avanza por caminos inciertos, en Corniche al Mazraa prosiguen la búsqueda de los fallecidos entre los escombros. Un edificio residencial cerca de la intersección con una avenida concurrida fue el miércoles el escenario de uno de los bombardeos más mortales del día, que dejó más de 303 fallecidos y 1,150 heridos según el último reporte del ministerio de Sanidad libanés. Una poderosa racha de cuatro misiles, según relatan los vecinos, derrumbó el bloque en medio del temblor general. Entre los cuerpos recuperados, un paramédico que no tenía autorización para hablar con la prensa destacó la presencia de una niña de tan solo siete días de vida.
Frente al gran agujero se alinea una fila de coches calcinados. En el primer piso del edificio opuesto, que solo conserva un esqueleto de hormigón, un hombre afirma que había una clínica dental, ahora inexistente. Un poco más lejos, los edificios quemados se descomponen hasta volverse apenas reconocibles, aunque completamente inservibles. Una tienda de ropa de bebé y otra de narguiles deberán comenzar de nuevo. Desde un rincón, un niño que aún está en la etapa de dentición observa con asombro el ruido de las máquinas, moviendo los brazos de manera amplia para ilustrar cómo su mundo fue sacudido.
El ataque llegó sin aviso
El ataque, similar a otros despejados por Israel el miércoles durante una ráfaga de 160 bombardeos, llegó sin previo aviso a primera hora de la tarde, justo cuando la gente buscaba a sus hijos o regresaba del trabajo. Esta operación, que Israel ha denominado como Oscuridad Eterna, provocó una destrucción sin precedentes en los barrios de la capital —que hasta la fecha solo habían sido atacados de forma aislada por la habitual ausencia de Hezbolá en esos lugares— durante los tres años de un conflicto que se ha mantenido latente entre la milicia y Israel.
Las zonas de Manara y Ain al Tineh, al oeste; Tallet al-Khayat, Basta y Moseitbeh, en el centro; así como Ain al-Mreisseh, al norte, sufrieron bombardeos letales que redujeron a cenizas otros bloques residenciales. El ejército israelí, bajo el mando de Eyal Zamir, reportó 92 muertes solo dentro de Beirut, según la Defensa Civil. Sin embargo, la prolongada ofensiva israelí —que ha desobedecido los 15 meses de tregua que habían estado en vigor hasta este marzo— ha llevado a muchos libaneses a un estado de resignación tan profundo que se convierte en algo incompatible con la noción de miedo.
Ziad atiende con esmero desde el otro lado del mostrador, que está repleto de pastelitos de colores impolutos que contrastan con la devastación grisácea del exterior. Muestra las imágenes captadas por las cámaras de videovigilancia durante el bombardeo: a pesar de estar medianamente a salvo al dar la vuelta a la esquina, se podía sentir el pánico. Los peatones corrían en la dirección opuesta, aterrorizados. Ziad y sus compañeros trataban de resguardarse en el local; cuando la lluvia de misiles cedió, lanzaban las sillas de la terraza hacia el interior y cerraban el establecimiento.

“Todo se llenó de polvo y las calles quedaron desiertas”, explica Ziad. Su casa está a solo dos manzanas, pero no consideró dejar el barrio, así como tampoco abandonará su trabajo a pesar de tener la opción de emigrar. “Soy de aquí de toda la vida y amo a mi país a pesar de todos sus problemas”, dice sonriendo.
Un barrio en funcionamiento
Lejos de ser una excepción, y aunque sea para asegurar el sustento diario ante la incertidumbre del futuro, el local de Ziad forma parte de un barrio que operaba este jueves a plena capacidad, a pesar de que el Gobierno había declarado una jornada de duelo. Hombres y mujeres acuden a la peluquería, donde lonas reemplazan los cristales que estallaron en mil pedazos. Los repartidores de comida —muchos de ellos inmigrantes— recogen pedidos en los restaurantes, preguntándose a qué se parece el ya famoso “miércoles negro”, o la “masacre del 8 de abril”.
Algunos lo comparan con la explosión de nitrato de amonio que en 2020 causó una de las explosiones no nucleares más devastadoras en el puerto de Beirut, con un saldo de 220 muertes. Otros, como Samir, un sexagenario, aseguran no haber presenciado bombardeos de tal magnitud desde la guerra civil (1975-1990), en la que Israel sitió Beirut hasta desplazar a la Organización para la Liberación de Palestina.
Samir huyó de todo eso y pasó 15 años entre Brasil y Paraguay, pero en estos días duerme en el local de comida rápida que posee en Corniche el Mazraa para escapar de los continuos bombardeos israelíes sobre los suburbios beirutíes, donde tiene su hogar. Es una extensión urbana de 22 kilómetros cuadrados, indistinguible del centro de Beirut, que Israel demanda vaciar debido a la presencia de Hezbolá en la zona.
Su hogar, dice, ha perdido ventanas, puertas y balcones, “pero sigue en pie”. Samir se conforma con eso, mientras escucha los rumores que surgen desde el Hospital Universitario Rafik Hariri, el más grande del área metropolitana de Beirut, donde se dice que hay decenas de cuerpos desmembrados o carbonizados que no pueden ser identificados. Muchos de ellos, añade, son refugiados sirios o inmigrantes asiáticos sin familiares en Líbano que puedan preguntar por ellos.
Un trabajador de la salud citado este jueves por Reuters confirma esto. “En su mayoría estamos recogiendo partes de cuerpos”, declaró frente a ese hospital. “Es muy raro encontrar cuerpos enteros”.
Hoy, una nueva orden de desalojo emitida por Israel que incluye, por primera vez, al barrio de Jnah, podría llevar al vaciamiento de este y otro gran hospital en la zona. “Insto a Israel a revertir esa orden”, reclamó este jueves el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus. La zona, alerta, alberga un complejo del Ministerio de Sanidad libanés y cinco grandes refugios colectivos con más de 5,000 personas desplazadas forzosamente. “La evacuación es inviable”, advierte el doctor. “Más de 450 pacientes, 40 de ellos en unidades de cuidados intensivos, no tienen alternativa”, concluye.



