Cómo se destruye una universidad | Sociedad
José Antonio Magán, director de la biblioteca de la facultad de Matemáticas, relataba esta semana con voz tranquilla, mientras caminaba bajo la lluvia por la avenida Complutense: “Hace más de diez años, colaboraba con colegas de Harvard y Oxford en un proyecto de digitalización de fondos financiado por Google. Ellos se encargaban de sus libros; nosotros, de los nuestros. La biblioteca de la Complutense es la segunda más grande de España, después de la Nacional. Así conseguimos digitalizar casi 150.000 libros del siglo XIX. Sin embargo, desde 2018, al no contar con personal para catalogar y seleccionar los tomos, hemos dejado de participar en el programa. Ya no colaboramos con Harvard ni con Oxford”. Luego, con la misma voz serena, bajo la misma lluvia intensamente, agregó: “Es más: desde entonces, junto con mis colegas de la facultad de Matemáticas, reparamos los manuales deteriorados de nuestra biblioteca con pasta de cola y tijeras, porque ni siquiera tenemos fondos para reemplazarlos. Lo mismo hacemos con los sillones”.
La Complutense, ese viejo gigante universitario ubicado en la esquina oeste de Madrid, se encuentra en un crítico estado por falta de recursos económicos. Es la universidad más grande de España (sin contar la UNED), con 64.000 estudiantes (6.000 menos que hace cuatro años, 40.000 menos que en los años 90), casi 7.000 profesores e investigadores y cerca de 3.300 empleados en servicios. Es como una ciudad entera que se levanta cada mañana. Aquí estudiaron cinco premios Nobel españoles (Cela, Benavente, Severo Ochoa, Aleixandre y Vargas Llosa) y Ramón y Cajal fue profesor. Recientemente, miembros de un departamento de la facultad de Económicas, en una situación desesperante, confesaron a una colega de Granada, a quien invitaron a dar una conferencia en el campus de Somosaguas, que no tenían dinero ni para costear su tren. El viaje lo terminó pagando el departamento de la profesora, cuyos miembros eran conscientes de la precaria situación de sus colegas en Madrid. Pasar una semana en esta inmensa universidad madrileña, con su laberinto de facultades, pasillos, laboratorios, y aulas, es asistir a la degradación gradual de ese lugar que en cada paso parece cerca de colapsar, junto con la lucha de un grupo de profesores y profesionales comprometidos, quienes logran que todo funcione cada mañana.
Se han realizado recortes en las fotocopias: la profesora de Filosofía de la Ciencia, Laura Nuroga, recuerda que hace unos meses les pidieron que hicieran las fotocopias en la máquina del departamento en lugar de en el centro de reprografía, donde cada copia cuesta un céntimo o medio céntimo más por la atención del personal. También se han recortado suministros: en la facultad de Bellas Artes, es mejor que muchos alumnos no intenten crear modelos humanos a tamaño real, ya que el material es escaso y se recomienda trabajar a escala, cuanto mayor sea la escala, mejor. El barro, una vez evaluada la obra, se recicla y vuelve al arcón húmedo, donde esperará a ser transformado nuevamente. Los estudiantes que deseen cocer la pieza para preservar su trabajo deben costearlo. Ha habido recortes también en las suscripciones a revistas electrónicas científicas, fundamentales para que los investigadores estén al tanto de las novedades en su campo. Esto se compensa con aplicaciones piratas, solicitando las claves de acceso o los PDF a colegas de la Autónoma, o compartiendo los costos entre un grupo de profesores para acceder a una publicación. Los recortes llegan hasta las prácticas de Anatomía: Teresa Vázquez, catedrática de la facultad de Medicina y directora del Centro de Donaciones de Cuerpos, reporta que carecen de una cámara frigorífica adicional para el almacenamiento de los cadáveres utilizados en clases de disección, lo que ha reducido el número de prácticas con cuerpos reales. “Incluso las universidades americanas que antes promovieron simuladores por ordenador han vuelto a lo tradicional”. Y añade una de esas frases que solo pueden escucharse en el ámbito académico: “Nada enseña más que un cadáver”. Por cierto, también hace falta valor -además de vocación- para lidiar con un trozo de pierna embalsamada de un extraño color cerúleo, un brazo entero extendido, o un tórax seccionado a la mitad. De hecho, el médico que la mañana del miércoles envolvía en plásticos una cadera para reutilizarla, como quien envuelve una lámpara de Ikea, se había desmayado el primer día de clase.

El presupuesto de la universidad alcanzó los 632 millones de euros en 2025. La Comunidad de Madrid se hizo cargo de 412 millones. El resto provino de matrículas, aportaciones del Estado, fondos europeos y de los propios recursos generados por la institución (la Complutense es un mundo en sí misma, albergando, entre otras cosas, una clínica psicológica que atiende a pacientes de pago y un hospital veterinario donde a menudo se pueden ver caballos cojos o vacas enfermas). El déficit económico, según la misma universidad, proviene de la inversión insuficiente de la comunidad. En 2009, el Gobierno regional aportó 394 millones. En otras palabras, en 15 años, la inversión regional ha aumentado un 5%. Y la inflación ha crecido un 44%. Este es el origen de la crisis. Al mismo tiempo, la Comunidad de Madrid ha ido promoviendo cada año más centros universitarios privados. Hace apenas dos días, aprobado fue la creación de la decimocuarta universidad privada de la región: IE Universidad de Madrid. La Complutense ha logrado sobrevivir gracias a los 456 millones recuperados en los tribunales contra el Gobierno de Esperanza Aguirre (PP) por el incumplimiento de planes de financiación. Sin embargo, ese dinero se agotó en 2025 y comenzaron a surgir los problemas en cadena. De hecho, el rector, Joaquín Goyache, con un déficit superior a 30 millones sobre sus cuentas y ante la posibilidad de no poder pagar las nóminas en diciembre, decidió en noviembre pedir con urgencia un préstamo a la Comunidad de Madrid por 34,2 millones, con 4 millones en intereses. La gran mayoría de los profesores y estudiantes entrevistados para este reportaje no entiende por qué se deben pagar intereses a quien debería financiarte. Paralelamente, la universidad, desde comienzos de este año, implementó un severo plan de ajuste, recortando el 35% en casi todo, a excepción de los sueldos. Este plan, que recuerda a los años de crisis en Portugal bajo la troika, o a la dura austeridad de España tras la crisis de 2011, durará al menos hasta 2029, según las proyecciones del rectorado, hasta que se pague el préstamo.
Esto implica que cualquier facultad, departamento y actividad cuenta con un presupuesto reducido en un 35% de un total que ya era escaso. Por ejemplo, en la facultad de Matemáticas, los 410.000 euros anuales que recibía desde 2008 han caído repentinamente a 270.000. En Veterinaria, los 800.000 que recibían ahora son 520.000. En el departamento de María José Díaz, profesora de Sociología en la facultad de Económicas, cuentan con un presupuesto anual de 2.300 euros para siete personas, de los que tendrán que extraer fondos para cubrir materiales, teléfonos, viajes a congresos, fotocopias y cualquier otro gasto inesperado. En la facultad de Políticas y Sociología, este año solo pudieron comprar diez sillas nuevas para profesores, a pesar de que la comisión de riesgos laborales recomendaba adquirir más por las necesidades ergonómicas de los asientos viejos. Esta misma facultad cuenta con un laboratorio de imagen construido en la década de los 80, que bien podría usarse para filmar un episodio de Stranger Things. “Es un poco vintage, sí», admite la entusiasta decana de esta facultad, Esther del Campo. Sin embargo, esta facultad disfruta de una biblioteca moderna con amplios ventanales que permiten la entrada de una luz natural hermosa. Además, tiene colecciones bibliográficas peculiares, como los 20.000 ejemplares de libros sobre África donados por un centro misionero. Pero el miércoles pasado, la misma lluvia que empapaba al frustrado bibliotecario José Antonio Magán se filtraba por el mal cerrado techo de la biblioteca de Políticas. Como en otras ocasiones, colocaron papeleras forradas con plástico en la parte superior de las estanterías para que las goteras no dañaran los libros. Ese mismo día hubo goteras también en los pasillos de Periodismo y en varios despachos de la facultad de Medicina.

La creciente falta de fondos trae consigo una paradoja: la infrautilización de recursos destacados que se usan cada vez de manera menos efectiva. Hay numerosos ejemplos de esta situación, desde lo más pequeño a lo más grande: ahí está la magnífica biblioteca de Políticas con goteras, pero también el laboratorio de Seguridad Biológica de la facultad de Químicas, especializado en el análisis de virus y bacterias, que está parado desde hace dos años por falta de un técnico; la pizarra electrónica en un aula de Educación, inutilizada porque no hay dinero para cubrir la actualización informática; las becas internacionales que no se obtienen por la escasez de personal administrativo para realizar los trámites, o el hecho de rechazar a buenos estudiantes que desean inscribirse. “Admitimos a 250 cada año; podríamos admitir más, ya que hay un número similar que no entra, pero no contamos con los medios. Quien puede permitírselo se va a la privada, y quien no… Eso resulta frustrante”, señala el decano de la facultad de Físicas, Ángel Gómez Nicola. Y advierte: “Estamos al borde, en una situación precaria. Cada día pienso que si un equipo importante del laboratorio se rompe, no habrá posibilidad de reemplazarlo”. Esta reflexión es compartida por muchos profesores, profesionales y también alumnos de la universidad: la Complutense se debilita día a día sin que la enseñanza se resienta demasiado. Es como una máquina que sigue funcionando, incluso perdiendo piezas a diario, sin que nadie sepa cuántas más podrá perder antes de fallar por completo. En este sentido, Gómez Nicola se plantea: “Imaginemos que la Complutense no existiera, que nunca se hubiera creado: ¿Cuál sería el costo de levantarla? ¿Qué valor tendría? Por eso, como científico, acostumbrado a cuestionar las cosas, me pregunto: ‘¿Por qué?’”.
Pablo Pose, portavoz de Educación del PP en la Asamblea, precisa que la región alberga el 20% de los estudiantes universitarios de toda España, con solo el 14% de la población del país. Además, señala que en 2026 se destinarán más de 1.240 millones a las universidades públicas madrileñas y que se implementará un plan plurianual «que las ayudará a ser aún mejores». Este periódico intentó, sin éxito, obtener la versión del rector.
A pesar de la reducción presupuestaria y del impacto anual de la inflación, la Universidad Complutense ha mantenido su posición en el ranking de Shanghái, ocupando el quinto lugar entre las universidades españolas y posicionándose entre las 300 y 400 mejores del mundo. Durante el curso 24-25, logró defender más de 800 tesis doctorales, más que lo que todas las universidades privadas de España pueden generar. Esto, según muchos de los docentes consultados, se debe al compromiso casi sentimental que tienen muchos profesores con la institución. Una de ellas, Carmen Pérez Díaz, profesora de Veterinaria, expresa: “Estudié en la universidad pública. Sin eso, no habría podido. Se lo debo”. La profesora de la facultad de Económicas, María José Díaz, añade: “Si recortan cursos, como los de horario de tarde, que son cuando asisten los que deben trabajar en la mañana, limitarán la posibilidad de esos alumnos de estudiar. Y la universidad perderá su capacidad de ser un motor de ascenso social”.
Hoy domingo, todo está en calma. Pero mañana lunes, la ciudad de la universidad Complutense se levantará nuevamente. En algunas oficinas de Veterinaria no habrá calefacción. En algunas clases de Políticas, la calefacción estará tan sobredimensionada debido al estado de las calderas que tendrán que dar clase casi en camiseta. En la facultad de Medicina, cuando se despejen las uniones metálicas que conectan las losetas del suelo, quedando al aire como un cuchillo, se taparán con cinta adhesiva gris, ya que no pueden ser reemplazadas de inmediato debido a que el edificio está protegido y no hay fondos. Quedará poco estético, pero así se podrá seguir caminando. En varias facultades habrá aulas sin profesor porque los procesos de sustitución son cada vez más complicados de cubrir, como sucede, por ejemplo, en 4 de Primaria Bilingüe en Educación. Pero la Complutense, ese viejo gigante, permanecerá en pie. Aprovechando lo que tiene. Y no debe subestimarse: con el barro reciclado de la facultad de Bellas Artes, un grupo de profesores ayudó a modelar los bocetos de Antonio López para las nuevas puertas de bronce de la catedral de Burgos.




