«Competirán» otras opciones en Madrid y Valencia.
El PSOE es un partido «enespera». No solo aguarda a 2027, que es cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene previsto someterse al veredicto de las urnas. También «espera» más «gestos de rebeldía» hacia la dirección federal.
El emergente sector crítico está listo para plantar batalla en Madrid y en Valencia, donde se quieren forzar primarias para elegir un candidato alternativo a los designados por el secretario general. Sánchez ha planificado los desembarcos de los ministros Óscar López y Diana Morant. Sin embargo, según ha podido saber este diario, ambos tienen reservas sobre la viabilidad de sus respectivas candidaturas.
Además, fuentes del Gobierno indican que el ministro López, adversario de Isabel Díaz Ayuso, está «desmotivado» y ha tenido importantes discrepancias con Sánchez en los últimos meses en relación a la estrategia electoral.
El naciente sector crítico ve con optimismo la situación en Extremadura, donde han «sustituido» al candidato oficial y ahora se acumulan los nombres de aspirantes para unas primarias: el secretario provincial de Cáceres, Álvaro Sánchez Cotrina; la expresidenta del Parlamento extremeño, Blanca Martín, de la misma provincia, y Soraya Vega, ex portavoz del partido en el Parlamento regional.
Los socialistas extremeños no desean que una posible repetición electoral les sorprenda desprevenidos y están acelerando su proceso de renovación. Igualmente, los críticos del PSOE interpretan como otra señal de disidencia interna que el líder de los socialistas castellanos y leoneses, Carlos Martínez, ofreciera al PP un pacto que permitiera gobernar a la lista más votada.
«Ahora las siguientes disputas serán en Madrid y en Valencia», concluye un crítico del partido. En la Comunidad de Madrid, la situación es «complicada». El ministro López llegó directamente de Moncloa después de que la dirección federal ganara el pulso a Juan Lobato.
El actual senador autonómico fue etiquetado de traidor en Moncloa por acudir a una notaría y certificar que no recibió la filtración de datos personales de la pareja de Díaz Ayuso, que resultó ser un delito de revelación de secretos por el que fue condenado Álvaro García Ortiz, en ese momento fiscal general del Estado. Lobato ha estado meses en modo «campaña». Su objetivo es enfrentarse en unas primarias con López y regresar a su trono.
En el PSOE y sus federaciones, las primarias para elegir candidato autonómico son el sistema establecido, pero en la práctica solo tienen lugar si hay más de un aspirante con suficientes avales. Esto significa que no existe un mecanismo formal que permita a la militancia forzarlas directamente, por lo que la única vía real es que un sector crítico promueva una candidatura alternativa, logre el porcentaje mínimo de apoyos requerido y rompa el consenso interno.
Si eso sucede, la votación entre afiliados es obligatoria, pero si solo hay un candidato validado por la dirección, este es proclamado sin competir. Y eso es, de hecho, lo que intenta Lobato.
Algo similar ocurre en la Comunidad Valenciana, donde las malas perspectivas para la titular de Ciencia, Diana Morant, están reavivando el fuego interno. Precisamente allí tuvieron que realizarse elecciones internas, pero Sánchez, a través del ex secretario de organización Santos Cerdán, impuso a Morant y eliminó cualquier intento de confrontación.
Sin embargo, aquel movimiento de Ferraz solo tensionó más la relación de Morant con el presidente del partido en la provincia de Valencia, Carlos Fernández Bielsa, quien recientemente renovó su cargo frente a Robert Raga, candidato del «aparato». La influencia de Bielsa está en aumento, mientras que la de Morant, incapaz de aprovechar la crisis política de la dana, está en claro descenso.
La principal preocupación de Sánchez es controlar las direcciones autonómicas, porque lo «más probable», según afirman los críticos, es que el líder socialista intente mantener su puesto al frente del partido incluso si tiene que hacer las maletas en 2027.
Y para lograrlo, es esencial controlar orgánicamente cada territorio. Sin embargo, hay otra lógica: si impide que «extraños» accedan al poder territorial, el líder asegura que nadie pueda desafiarlo en el futuro. Sánchez demostró con el ascenso del ministro Carlos Cuerpo a la vicepresidencia que es implacable y que no tiene intenciones de alimentar un liderazgo alternativo en el partido. Cuerpo, un tecnócrata sin carné de militante, no representa una amenaza directa.
Pero dentro del PSOE, algunos lo ven como una «alternativa sensata». Y, llegado el momento, presionará para que el ministro de Economía tome una postura clara. Aunque no parece que eso esté en sus planes. No obstante, como señala una fuente socialista con experiencia en mil batallas, «llegará el momento en que un sanchista traicionará al padre». Y eso, concluye, «sucederá cuando miles de cargos tengan que recoger sus cosas de los despachos de Moncloa». Por ahora, el partido solo está enfocado en la lucha en Andalucía.
Las elecciones del próximo 17 de mayo son vistas en Moncloa como un anticipo de las generales, dado que María Jesús Montero es lo más parecido a Sánchez y Juanma Moreno a Feijóo. Los socialistas andaluces están maniobrando para que Moncloa no controle toda la campaña. El ánimo está bajo. Las perspectivas son negativas. Pero Sánchez solo piensa en sí mismo.



