Cuando la memoria LGTBIQ+ destaca no solo el dolor, sino también las relaciones afectivas.
Dentro de un edificio en el barrio de Embajadores en Madrid, varias personas se encuentran relajadas en el vestíbulo. La persona más cercana a la ventana está leyendo un libro sobre su serie favorita; la mujer en el medio tiene los ojos cerrados y una tercera persona sonríe, como recibiendo buenas noticias. En la recepción, junto a la entrada, una trabajadora social les acompaña. Son beneficiarios de la Fundación 26 de Diciembre, personas mayores LGTBIQ+ que asisten regularmente al centro de día. Algunos buscan socializar con actividades culturales, yoga, cineforum… mientras que otros buscan atención psicológica o ayuda administrativa.
Al fondo del vestíbulo, detrás de una mesa familiar donde las usuarias y usuarios se reúnen, lo que ellos llaman “la comida de las Antonias”, un espacio de memoria se alza, atrae la atención de quienes entran por primera vez. Se trata de una exposición itinerante que muestra algunos materiales del Archivo de Memorias Afectivas de la Fundación 26 de Diciembre. Los elementos exhibidos forman parte de un flujo rotatorio que continúa el trabajo de aquellos que investigan y recuperan, casi como arqueólogos, toda una genealogía.
La memoria histórica LGTBIQ+ ha sido, en gran medida, un esfuerzo de exhumación. Este acto, esencial para denunciar la violencia impuesta por diversas instituciones —la heterosexualidad obligatoria, los grandes mecanismos políticos ficticios del género o las leyes represivas de la dictadura franquista—, a menudo olvida que detrás de cada testimonio hay personas con vidas que trascienden su sufrimiento. Ninguna memoria se completa si no se da cabida a la historia de quienes fueron mucho más que víctimas.
En esta línea, el Archivo de Memorias Afectivas de la Fundación recopila documentos, testimonios y objetos que reflejan la historia emocional de la diversidad sexual y de género. A la par que desafía las maneras en las que el poder ha recordado a las personas LGTBIQ+, se enfoca en los vínculos afectivos como un elemento esencial de la memoria.
Fotografías familiares, guías de información sobre salud sexual, poemas, un boletín del Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), retratos de parejas, imágenes de manifestaciones en la lucha contra el VIH/SIDA, cartas. También hay un libro sobre la lucha feminista y sindicalista, un retrato de Lenin, periódicos que tratan la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, diarios y fanzines del artista Manuel de Teresa, fotografías escenificadas del performer Javier Santos y un concurso de tortillas entre amigos. El archivo está compuesto por múltiples fondos que combinan vida y activismo.

La Fundación 26 de Diciembre se fundó el 10 de octubre de 2010. Su nombre conmemora la fecha de la despenalización de la homosexualidad, que estuvo bajo la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social hasta finales de 1978. Los objetivos del centro están orientados hacia la asistencia psicosocial especializada y la promoción de espacios de socialización para personas mayores de la comunidad.
Víctor Mora, escritor, activista y parte del Área de Formación e Investigación, explica a Público cómo la manera en que algunas organizaciones se han acercado a los testimonios de personas mayores LGTBIQ+ ha generado malestar: “No buscan un relato personal, desean escuchar lo que quieren oír, como que les aplicaron la Ley de Peligrosidad Social. Se sienten utilizados, porque no hay una reflexión real por parte de los demás”. Además, añade: “Esto también ha ocurrido con partidos políticos. La pregunta siempre es la misma: ‘explícame cuánto has sufrido y cómo’. No quieren un relato auténtico, quieren que alguien les diga lo que necesitan oír”.
Por eso, el Área de Formación e Investigación decidió crear un archivo de memoria que atendiera las condiciones de vida de las personas mayores de la comunidad. Así, quienes deseen compartir su historia podrán hacerlo sin miedo a sentirse instrumentalizados ni que se otorgue mayor peso a unos recuerdos que a otros. “Es injusto que a alguien se le recuerde solo por lo que el poder hizo con él. La vida también incluye todo lo que no está relacionado con el poder”, señala Mora.
El proyecto del archivo se divide en dos vertientes: la recopilación de testimonios orales, que constituyen un repositorio bibliográfico accesible para quienes lo soliciten, y la recuperación de un valioso acervo de cultura material, cuya cartografía afectiva se inserta en lo cotidiano y contempla elementos que han sido desechados por archivos hegemónicos.

Así, el archivo investiga las fuentes primarias de un legado afectivo, narrando a la vez las huellas de un activismo crítico y exponiendo la importancia del sentido de comunidad, amor y familia social.
“Es injusto que a una persona se le recuerde constantemente por lo que el poder hacía con ella», afirma Víctor Mora
“Cualquier cosa que nos permita intervenir en la percepción sobre el colectivo, la cual a menudo es mediada por procesos de victimización. Esto a veces condiciona que solo podamos expresar nuestros discursos desde el sufrimiento. Nos limita, no nos permite imaginarnos de otra manera”, profundiza Mora en el propósito del Archivo.
La arqueología del archivo
Un rápido vistazo a la historia de los últimos dos siglos muestra cómo el archivo de memoria LGTBIQ+ ha sido influenciado por los intereses del poder. Los discursos médicos y psicológicos, cuyas historias clínicas redujeron las disidencias a meros “desviados”, o los expedientes penales vinculados a la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social durante el régimen franquista. También hubo quienes, con la intención de perpetuar una purga social, destruyeron relevantes manifestaciones culturales de gays, lesbianas y personas trans, como sucedió en el régimen nazi en Alemania. Todo esto resultó en una falta de memoria real y, en su lugar, proliferaron archivos que documentaban la forma en que los regímenes criminales intervinieron en las vidas queer.

En Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana, la poeta y pensadora feminista Adrienne Rich expone cómo la destrucción de fuentes ha sido un método para mantener la heterosexualidad como única opción afectiva, redirigiendo así la energía emocional de muchas mujeres hacia los hombres: “La destrucción de las fuentes (…) que documentan las realidades de la existencia lesbiana debe ser considerada seriamente ya que actúa para preservar la heterosexualidad como una obligación para las mujeres; lo que se ha mantenido ajeno a nuestro conocimiento es la alegría, la sensualidad, la valentía y el sentido de comunidad”, escribe la pensadora.
Por lo tanto, este borrado sistemático de archivos auténticos ha sido especialmente evidente en lo referente a la memoria lesbiana.
Sin embargo, hoy en día hay iniciativas significativas que trabajan hacia la recuperación de la memoria lesbo-feminista y queer, como el Lesbian Herstory Archives en Nueva York. En su ensayo más reciente, Un deseo desmesurado de amistad, la escritora y curadora de exposiciones Hélène Giannecchini narra este esfuerzo y recuerda cómo, desde los años setenta, Joan Nestle y Deborah Edel buscaron las huellas de la memoria: “Comenzaron a recoger los rastros de esas vidas lésbicas cuya suma nos permitiría acceder a esa ‘existencia colectiva’. Compilaron libros, fanzines, fotos, pegatinas, folletos, tarjetas de visita y ropa”.
La socióloga y activista feminista Gracia Trujillo, en 40 años después: la despenalización de la homosexualidad, menciona que, en ocasiones, los archivos pueden servir también como una forma de activismo. La recuperación de la memoria LGTBIQ+ abarca, por un lado, la historia de la militancia –lo que se observa en múltiples fanzines y fotografías que documentan la politización de las identidades– y, por otro, los recuerdos de la vida cotidiana. Además, “los archivos son herramientas políticas que nos permiten contrarrestar la apropiación de discursos por parte de los poderosos”, enfatiza en su trabajo. De este modo, el repositorio LGTBIQ+ se constituye como un dispositivo de relevancia, cuya capacidad de transformación se manifiesta en las maneras de representación de las diversas orientaciones sexuales.
Desde esta perspectiva, los Lesbian Herstory Archives o el Archivo de Memorias Afectivas de la Fundación 26 de Diciembre no son meros repositorios de memoria, sino auténticos contra-archivos que desafían la alteridad a la que han sido sometidas las comunidades sexuales por las narrativas dominantes.
En este proceso de deconstrucción, no obstante, expertos como Víctor Mora sugieren que la recuperación de una historia de militancia a veces puede reproducir recuerdos de sufrimiento. Así, explica: “Estamos continuando al revisar la historia del poder”. Aquí es donde la recuperación del afecto se convierte en una tarea crucial y desafía el imaginario colectivo: “La memoria del afecto implica recoger y valorar aquellos objetos que han sido desechados o considerados poco relevantes”, añade Mora.
Pero, al mismo tiempo, “los archivos no son –ni pueden ser– solo colecciones históricas inertes; deben mantener una relación activa y dialógica con las preguntas que desde el presente le hacemos al pasado”, sostiene Trujillo.
El contra-archivo es, en este sentido, un artefacto que se encuentra entre el pasado y el presente, entre el activismo y los afectos, entre la vida privada y pública, entre el poder y la libertad. En medio de todo esto, hay una interpelación entre los materiales que pueden archivarse y aquellos que están encargados de esa tarea. Precisamente sobre esto habla Hélène Giannecchini: “Si insisto en examinar los archivos es porque siento que cada vida que descubro allí se suma a la mía, y me da fuerzas para seguir en pie mientras trato de evitar su olvido”.
Movidos por esta misma responsabilidad, los especialistas del Área de Formación e Investigación de la Fundación 26 de Diciembre trabajan en el archivo. Documentos del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, una placa dedicada a Mercedes por sus “amigas de la petanca”, las zapatillas de Emilio antes del sexilio, una imagen del antiguo Pasaje Begoña en Torremolinos, donde se puede leer en el reverso “jaula de pájaras enloquecidas”, la historia de amor de Ralf y Éric, Lorenza y Carmen, Mariquilla y sus amigas. Así, cada material se convierte en un fragmento de filiación simbólica entre las vidas recordadas y quienes se niegan a olvidar.


