Despedida a Diego, el panadero de Olavide.
Recientemente, Carmen Santamaría, una excelente observadora y narradora de la vida del barrio, me preguntó si podía sintetizar en pocas líneas la evolución social, cívica y urbana de la comunidad de la plaza de Olavide, desde el período posterior al derribo del antiguo mercado hasta la actualidad.
Y resulta que de alguna forma sí puedo identificar un hilo conductor, un símbolo, e incluso dos fotografías que condensan cinco décadas de vida barrial.
Les comparto. No hay vecino en la plaza y sus alrededores que no conozca a Diego, el actual propietario de la histórica Panadería Lucas, situada en Palafox con Olid. Mucho menos recordarán a su padre, Lucas, el fundador del negocio. La noticia, una mala noticia, es que Diego ha decidido cerrar la panadería.
Los cambios en la vecindad, la alteración en las formas de vida, lo que algunos denominan gentrificación, hacen imposible mantener los negocios comerciales en términos rentables o de calidad de vida, que a menudo son lo mismo. Esto es especialmente cierto cuando se entrelazan factores como la edad, el cansancio, la enfermedad crónica o la posibilidad de optar por una actividad alternativa más cómoda y menos exigente que un comercio con la rigurosidad horaria de una panadería.
Diego ha crecido alrededor del negocio que su padre estableció al llegar a Madrid desde su natal Villardompardo, en la provincia de Jaén. Aquellos que recordamos a Lucas, con su figura robusta y fuerte acento andaluz, lo tenemos en la memoria como un vecino más, una persona amable que dedicaba su vida a su comercio, atendiendo a sus clientes que eran también sus vecinos. El pan del día, los bollos, las tortas, los dulces y caramelos, y las golosinas para los niños, todo lo que ofrece una panadería de barrio.
Para quienes se interesan por las antiguas maneras de comerciar en Madrid durante los años setenta y ochenta, quiero compartir un escrito de 2011 de un colaborador, Miguel Reina, del blog de la plaza de Olavide, que aún se encuentra disponible en la red, sobre la panadería de Lucas Lanagran, el padre de Diego, protagonista de esta narración:
“Ubicada en la calle Palafox número 27, se encuentra la panadería LUCAS, un emblemático comercio tradicional, de los que lamentablemente ya no abundan.
Un negocio estrictamente familiar fundado en 1969 por Lucas Lanagran, un hombre que llegó de su Jaén natal.
Uno de los comercios más antiguos de la zona, quizás junto a Calzados Cantero o Ultramarinos Zurdo.
Fui muy amigo de sus hijos, Blas y Diego, con quienes compartí innumerables momentos en la plaza, jugando al fútbol.
Conocí su realidad, esos años de estrechez, donde en pocos metros debían coexistir el matrimonio, tres hijos y el negocio.
Eran como hormiguitas, muy trabajadores y responsables, y así superaron las adversidades económicas, logrando alcanzar un mayor bienestar, algo que no tardaron en conseguir.
Recuerdo las reprimendas del padre a los hijos cuando se comían un donut, un cuerno de chocolate o un croissant sin su permiso, así como su excelente memoria para recordar si le debías un duro. En aquellos tiempos, todas las cuentas se hacían de cabeza, nada de calculadoras.
Desgraciadamente, me acabo de enterar que Lucas falleció en 2009. No obstante, Diego ha estado al mando de la panadería desde hace varios años, y ahí sigue, viendo cómo muchos negocios han cerrado mientras él continúa.
También recuerdo cómo resistieron cuando alrededor de 1993, aproximadamente, llegó la revolución de las nuevas panaderías, con productos innovadores como baguettes, pan de ajo, pan de cereales, integral y una multitud de variedades. En Cardenal Cisneros se estableció una de ellas que parecía dispuesta a dominar el mercado. Atrajeron clientela, es cierto, pero no duraron muchos años. La panadería pudo sentir el impacto, pero supo sostenerse gracias a su fidelidad entre los clientes.
Por último, no puedo olvidar los colores rojiblancos que llevaba la familia en el corazón. Esa inolvidable experiencia de mayo de 1986 cuando el Atleti llegó a la final de la Recopa en Lyon (Francia), y allí fuimos, en autobús, junto a la peña atlética Chamberí, que estaba en la calle Santa Engracia. El equipo fue derrotado 3-0 por un imbatible Dinamo de Kiev, pero la aventura fue memorable; era la primera vez que salíamos al extranjero. Recuerdo cómo animaba Chari (la hija mayor).”
Dos generaciones y casi dos mundos entre ambos. Desde una plaza con una marcada identidad social y cultural a un entramado cosmopolita y comercial donde las terrazas y los bares son la única estructura identitaria. De Lucas a Diego. Lucas como símbolo de una forma de vida y Diego como el último bastión.
Antes de él, otros abandonaron su negocio o fueron abandonados por él. En la memoria quedan otros amigos: Ovidio, encargado del ultramarino La Esperanza; Catalina, la recordada propietaria de Calzados Cantero; Carlos Paz, el último chamarilero de Chamberí; Santiago del Maracaná, a quien todavía encontramos en la plaza en Pascua; y los Marianos, los quiosqueros de Eloy Gonzalo; el último acaba de dejarnos al jubilarse en diciembre de 2025.
Diego, si no me equivoco, con vosotros se desvanecen los últimos comerciantes de la vieja guardia en el barrio. Afortunadamente, todavía hay algún que otro farmacéutico, los de Anaur, el zapatero de Olid, y es posible que tenga que considerar a nuestros increíbles, sutiles y casi fantasmagóricos comerciantes chinos, a quienes pocos son capaces de poner nombre.
Claro que la vida sigue, y la partida de algunos coincide con la llegada de nuevos. En el ámbito comercial, el barrio aún es un universo donde se producen sorpresas y descubrimientos afortunados. ¿Qué significa la presencia de Santiago y Patricia al frente del Toma Café, la de Andrés en la Tienda de Vinos o la de Timi y Joaquín en Alma Nomad? No sería justo que un cronista perspicaz se apartara de la realidad. Todo forma parte del azar de la vida.
Desaparece un mundo y otro surge en su lugar. Pero nada será, nada es igual.
Un abrazo para ti, Diego, y tu familia, tu esposa Montse y tus dos hijos, Diego y Ana. Te llevas con ello nuestra mejor memoria y consideración. Y nuestros mejores momentos.


