Detención de las entregas de alimentos en la Plaza de Ópera.
Cada lunes y jueves, al caer la tarde, la Plaza de Ópera se llenaba de un suave murmullo. Eran los voluntarios de las asociaciones Granito a Granito y Bocatas, llevando consigo bocadillos, bebidas y productos de higiene. A eso de las ocho y media, las personas que sabían que allí habría cena, conversación y compañía comenzaban a llegar. Durante años, esta escena ha sido una constante. Sin embargo, todo cambió hace tres semanas. Los voluntarios recibieron una llamada del distrito Centro del Ayuntamiento de Madrid: no podían seguir repartiendo comida en la vía pública. Según les informaron, podrían enfrentarse a multas e incluso penas de cárcel si continuaban.
«Nos quedamos en shock», comparte Sergio Montes, portavoz de Granito a Granito y promotor de una recogida de firmas en la plataforma OsOigo que busca revertir la decisión. «Llevamos muchos años ayudando, y de repente nos dicen que no podemos seguir, aduciendo que puede haber intoxicaciones, que somos demasiada gente, que parece una concentración… Pero no hay ninguna normativa que lo prohíba». Granito a Granito se fundó en 2013. Montes comenzó como voluntario en 2017, cuando apenas ayudaban a 20 o 30 personas. Hoy estima que cada noche llegan cerca de 100. «Con la pandemia, la necesidad se disparó», comenta a este periódico. «No solo proporcionamos comida, sino también ropa, artículos de higiene y, sobre todo, compañía. Para muchos, éramos un pilar de apoyo». Pero ahora, las mesas están guardadas y la plaza, vacía. «Antes de irnos, avisamos a la gente de lo sucedido», cuenta Sergio. «Les dijimos que pelearíamos, que buscaríamos otra forma».
Prohibición
Desde la Junta del Distrito, defienden que la medida no es arbitraria. Fuentes municipales reconocen la «labor encomiable» de las asociaciones, pero afirman que los repartos estaban generando problemas de orden y salubridad. Según explican, las entregas se realizaban con vehículos fuera del horario de carga y descarga, se acumulaban cajas de comida en la vía pública y se producían aglomeraciones desde primera hora de la tarde. Además, advierten que los alimentos carecían de trazabilidad y controles sanitarios, y que en ocasiones se generaron «momentos de tensión entre los asistentes».
«Está prohibido el reparto de comida en la calle sin autorización», enfatizan. También argumentan que las asociaciones no tienen «fichados» a los beneficiarios, lo que dificulta saber si esas personas ya están recibiendo atención de los servicios sociales municipales. Una de las entidades, añade el Ayuntamiento, «dispone de un local propio donde podría realizar esta labor en condiciones seguras». Por ello, el consistorio ha convocado una reunión con el Área de Políticas Sociales para buscar alternativas.
La pregunta más recurrente es: ¿existe alguna ley que prohíba ayudar a quienes padecen hambre? La respuesta, tras revisar la normativa vigente, es que no existe una norma que indique explícitamente «está prohibido dar comida a personas sin hogar en la vía pública». Sin embargo, hay otras ordenanzas que el Ayuntamiento puede aplicar: la Ordenanza de Limpieza de los Espacios Públicos sanciona actividades que generen suciedad, residuos o plagas. La Ordenanza de Terrazas y Ocupación de la Vía Pública obliga a solicitar permiso para instalar mesas o materiales en la calle. La normativa sanitaria exige controles de temperatura, trazabilidad y manipulación segura de alimentos al ser servidos a terceros. Si la administración considera que los repartos incumplen alguna de estas normas, puede prohibirlos o multarlos, aunque la intención sea solidaria.
Exclusión
El contexto ayuda a entender la tensión. De acuerdo a los últimos datos del Ayuntamiento, más de 4.800 personas viven en situación de calle o en infraviviendas en Madrid, y los recursos municipales están al límite. Los comedores sociales no dan abasto, especialmente los fines de semana. «Nosotros somos un complemento», explica Sergio. «Una ayuda ciudadana, no una competencia. A veces, restaurantes o supermercados nos donaban sobrantes, lo que también evitaba el desperdicio. La nueva ley estatal contra el desperdicio alimentario, aprobada en abril, va justo en esa dirección».
Desde las asociaciones solo piden un nuevo espacio donde continuar con su labor. «Simplemente pedimos que nos den un espacio. No buscamos confrontaciones, solo seguir ayudando. Ojalá algún día no fuera necesario, pero mientras haya personas que pasan hambre, alguien tiene que estar ahí». Mientras la administración estudia alternativas, los voluntarios de Granito a Granito y Bocatas se sienten «paralizados». La campaña de firmas en OsOigo está a punto de alcanzar su objetivo, 500. «Queremos que esto sirva para abrir un debate», dice Montes. «Que los políticos se reúnan y encuentren una solución conjunta. No se trata de desobedecer, sino de colaborar».
El caso ha reavivado un antiguo dilema urbano: ¿cómo compatibilizar la ayuda espontánea con la regulación de los espacios públicos? Para muchos vecinos, la imagen de los repartos en Ópera reflejaba la cara más solidaria de la ciudad. Para otros, se convirtió en una situación «fuera de control». «Entendemos que puede incomodar en una zona tan turística, pero el problema no desaparece por ocultarlo», responde Sergio. Las asociaciones insisten en que están dispuestas a cumplir con las normas, siempre que se les guíe en cómo hacerlo. «No somos una empresa de catering, somos vecinos que dedicamos nuestro tiempo libre a acompañar a personas que no tienen nada», dice.
Más que bocadillos
Detrás de cada bolsa de comida hay historias humanas. Esa sensación de desamparo se repite entre quienes acudían a la plaza. «Para muchos, era su única cena caliente y ahora, simplemente, no está», confirma Sergio. Madrid se enfrenta a una decisión que trasciende una plaza o dos asociaciones. Se trata de definir qué lugar ocupa la solidaridad en el espacio público. El Ayuntamiento insiste en que su prioridad es la seguridad y la salud. Las asociaciones piden que no se castigue la empatía. Y entre ambos, cientos de personas vulnerables esperan una respuesta.


