El Ayuntamiento de Madrid clausura durante un año el emblemático Teatro Barceló debido a la sobrecapacidad | Noticias de Madrid


El destino de la discoteca Teatro Barceló ha estado en constante incertidumbre desde que el Ayuntamiento de Madrid ordenó su cierre, como castigo por haber excedido en dos ocasiones el límite de aforo de 990 personas durante 2023 —aproximadamente 600 visitantes más—. La histórica discoteca Pachá ha cerrado sus puertas este jueves en el último capítulo de la batalla legal que sostiene con el Consistorio, tras el levantamiento de las medidas cautelares que había impuesto la Justicia el pasado viernes. A pesar de que la defensa de Noche Madrid, la patronal del ocio y espectáculos de la Comunidad de Madrid, sostiene que “no se superó el aforo de riesgo” y que no existía “peligro para las personas”, este conflicto condena a empleados de discotecas y empresas relacionadas con la vida nocturna en Madrid a una “pena de muerte”, según la Plataforma por el Ocio, dado que el cierre de estas salas implican, en muchos casos, una intensa crisis económica.

Alrededor de las diez de la mañana, tres agentes de la Policía Municipal llegaron al local, acompañados de varios funcionarios del Gobierno municipal, para formalizar el precinto de la icónica sala de fiestas. Este cierre se produce después de que el tribunal aceptara las medidas cautelares solicitadas por la promotora del local y suspendiera el precinto la semana pasada. Sin embargo, el Teatro Barceló ha perdido ese salvavidas a tan solo una semana de distancia, ya que el juez ha volteado el caso y decidió levantar las cautelares. El cierre se extenderá por un año a menos que prospere el recurso de apelación que tramitará el equipo legal de Noche Madrid. “La intención es presentar el recurso lo más pronto posible e intentar que sea ágil, porque hay muchas familias que dependen de esto y es una situación insostenible”, comenta Silverio Porcel, uno de los abogados de la asociación del ocio.

Los hosteleros argumentan que los criterios de aforo establecidos por la Agencia de Actividades (ADA) son “arbitrarios”, que las dos infracciones no constituyeron un peligro para los usuarios y que el inconveniente radica en la normativa que regula los aforos: “No solo lo dice Noche Madrid. El informe del cuerpo de Bomberos y el de la ADA afirman claramente que no hay riesgo para las personas, que es lo crucial aquí. Sin embargo, el Ayuntamiento persiste en una instrucción que es completamente obsoleta”, argumenta Porcel. El Área de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad ignora estas argumentaciones, y su delegado, Borja Carabante, reafirmó el pasado miércoles que superar el aforo en el Teatro Barceló “compromete la seguridad de los asistentes”.

El conflicto sobre los aforos en los locales de ocio nocturno tiene raíces históricas. Se originó en 1997, cuando el Ayuntamiento, bajo la dirección del popular José María Álvarez del Manzano, aprobó el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). Este documento estableció ciertos “tipos urbanísticos” que asignaban un aforo base dependiendo de la actividad y permitían excepciones de hasta 600 personas o más en zonas periféricas. “En Madrid, el aforo se determina por un plano, no por la seguridad real del local”, critica Vicente Pizcueta.

Esto implica que dos locales con las mismas dimensiones, salidas de emergencia y planes de evacuación pueden tener aforos diferentes simplemente porque se encuentran en barrios distintos. En la capital, desde hace casi tres décadas, el número permitido de personas en un local no depende únicamente de criterios técnicos de seguridad, sino también de su ubicación.

Para los hosteleros, este statu quo tiene consecuencias evidentes: perjudica a los negocios del centro y, en cierta medida, favorece a los de la periferia. En distritos como Vallecas, donde las ZPAE —zonas de protección acústica especial— regulan los horarios pero no actúan con la misma rigurosidad, los locales pueden obtener aforos más amplios. Por el contrario, en el Centro, donde se sitúa el Teatro Barceló, incluso los espacios con suficientes metros y salidas se encuentran con un límite administrativo que solo puede ajustarse si la administración tramita el ERIU, el procedimiento que permite modificar el aforo según criterios técnicos de seguridad.

La Plataforma por el Ocio asegura que hay un “proceso negociador” en curso entre la hostelería y el Ayuntamiento. Vicente Pizcueta, miembro de Noche Madrid, afirma que Carabante prometió a la entidad un borrador de una posible reforma de la normativa de los aforos. “Tuvimos dos reuniones: el 10 de septiembre y el 29 de octubre. Pero nunca recibimos el documento”. Desde entonces, no han obtenido más información. Una portavoz del Consistorio se limita a mencionar que “el Ayuntamiento mantiene siempre el diálogo con todos los sectores”.

El caso del Teatro Barceló no es único, y ahora los empresarios de la vida nocturna en Madrid temen que el problema de los aforos afecte a otros espacios más pequeños y menos conocidos que esta discoteca. En junio, la sala Cocó, situada en la calle Alcalá, fue precintada tras una inspección que descubrió 898 personas en un espacio con un aforo oficial de 520. La administración ordenó el cierre y abrió un expediente sancionador. Sin embargo, ese mismo expediente incluye un informe técnico que, aplicando el Código Técnico de la Edificación, estima que el local puede evacuar a más de 1.400 personas. En agosto, el tribunal también otorgó medidas cautelares a favor de Cocó. La contradicción es obvia: los Bomberos consideran el espacio seguro para un número mayor de asistentes, mientras que la Agencia, basándose en la ZPAE, mantiene el aforo administrativo por debajo.

El choque entre el Ayuntamiento y el ocio nocturno resulta especialmente molesto para los profesionales de la hostelería, dado que se presenta en un período próspero para el sector, como destacó el portavoz de la Plataforma por el Ocio, Jesús Martínez, este jueves: “Un conflicto que se dirige hacia un inevitable choque de trenes entre las pymes y empresas del sector servicios y la delegación de urbanismo de Borja Carabante, en el mejor momento de la historia de la gastronomía, la vida nocturna y los espectáculos de Madrid como atractivo turístico y generador de riqueza para la ciudad.”

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