El Circo del Sol presenta una producción en Madrid repleta de criaturas insecto.
Un insecto torpe y curioso llega a una colonia de bichos y se enamora de una mariquita; los dos vivirán su romance mientras un misterioso huevo aparece en la escena. Esta es la simplísima trama sobre la que se basa ‘Ovo‘ (huevo … en portugués), el espectáculo del Circo del Sol que se presentará mañana jueves, y estará hasta el domingo, en el Movistar Arena. Aunque surgió como espectáculo de carpa en 2009 en Montreal, ‘Ovo’, dirigido por la brasileña Deborah Colker, se transformó en 2016 para presentarse en estadios y pabellones deportivos, y en 2024 se pausó la gira para ‘reimaginar’ el espectáculo con motivo de su 15º aniversario; esta nueva versión es la que llegará ahora a Madrid durante su gira europea. Se estima que cerca de siete millones de personas en todo el mundo ya lo han visto.
Veintiún tráileres llegaron hace un par de días a Madrid para instalar la compleja producción del espectáculo, dominada en el escenario por una gigantesca pared de 19,5 metros de ancho y 9 de alto, donde se desarrollan gran parte de las acrobacias.
Por supuesto, uno de los protagonistas es un enorme huevo inflable de 8,5 metros de ancho y 6 metros de alto. La estructura acrobática se sitúa a 14 metros del suelo y pesa más de una tonelada. Malabarismos con los pies, cintas aéreas, diábolos, cuna aérea -un trapecio donde el base está suspendido solo por las rodillas en una barra fija o móvil-, postes chinos, cable flojo, red aérea y trampowall (una combinación de cama elástica, trampolín y escalada) son algunos de los números circenses que componen el espectáculo, el cual cuenta con cerca de un centenar de personas (cincuenta y tres de ellas artistas) de veinticinco nacionalidades distintas.
Entre ellos se encuentran dos españoles: el alicantino Kevin Lorenzo, técnico de sonido; y el payaso Mateo Amieva, oriundo de Figueras (Gerona), que interpreta al Maestro Flipo. Este último forma parte de la familia del Cirque du Soleil (como ellos prefieren llamar a la compañía) desde hace cinco años -«en los últimos tres he recorrido treinta países», afirma; Amieva, por su parte, se unió hace ya diecisiete. «Tenía un grupo de teatro gestual con mi hermano, Capa i Espasa -cuenta-, y actuamos en el festival Fringe de Edimburgo; al final de la actuación, dos personas se acercaron a mí, se presentaron como del Cirque y me invitaron a unirme a la compañía; y aquí estoy».
Brasil y su música –bossa nova, samba o carimbó, compuesta por Berna Ceppas e interpretada en directo por un conjunto de siete músicos- son el alma de ‘Ovo’, que según su creadora, la coreógrafa y directora Deborah Colker, presenta un ecosistema lleno de movimiento y energía, donde cada tipo de insecto corresponde a una técnica circense, y donde el universo de estos animales sirve como ejemplo para ilustrar la biodiversidad y la vida en constante cambio.
El origen de Colker la llevó a querer fusionar danza y circo en este espectáculo: «No quiero bailarines -dijo-. Busco crear un espectáculo de circo y hacer que todos los acróbatas bailen». De hecho, algunos de los artistas provienen del ámbito de la danza, como la canadiense Svetlana Delous, quien lleva nueve años en la familia circense; la Araña Roja en ‘Ovo’ ha llevado al máximo la noción de familia, ya que su marido también forma parte de la ‘troupe’ del espectáculo, y con ellos viaja un integrante más: «mi hijo de un año; al ser tan pequeño y no requerir ir al colegio, puede acompañarnos, y mi marido se encarga de cuidarlo mientras yo trabajo».



