El Colegio de Arquitectos de Madrid rinde homenaje a un exalto funcionario de Aguirre que renunció debido a un escándalo en temas de urbanismo.


Una nueva controversia se desata en el Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM), inmerso desde hace meses en una complicada lucha interna por el poder. Esta vez, sin embargo, el debate se centra en un aspecto aparentemente menos conflictivo: la concesión de los títulos de colegiados de honor. Un reconocimiento anual que se otorga desde 1988 a personalidades destacadas por sus aportes a la arquitectura y la profesión, independientemente de su actividad actual en el campo.

La Junta de Representantes del COAM, siguiendo la propuesta de la Junta de Gobierno liderada por el decano Sigfrido Herráez, decidió el pasado 23 de marzo nombrar colegiados de honor a cuatro personas: la arquitecta experta en la protección del patrimonio Amparo Berlinches; el artista y diseñador con formación arquitectónica Guillermo Pérez Villalta; el responsable del departamento de comunicación del servicio gráfico y publicaciones del COAM, Pedro Ibáñez; y, en un giro notable, Enrique Porto Rey.

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