Una amplia catequesis en la calle da inicio a la Semana Santa en Madrid.
El primer gran día de la Semana de Pasión en Madrid ha llegado. Miles de personas se agolpaban este Domingo de Ramos cerca de la catedral de la Almudena, buscando cada ángulo disponible que les permitiera admirar la imagen que estaba a punto … de ser elevada. En las escaleras de uno de los accesos, asomaban entre los barrotes de la verja, de puntillas, intentando ver los costados de este icónico edificio de la capital o, los más creativos, haciendo ‘zoom’ con sus teléfonos móviles. Todo era válido para no perderse el instante en que la hermandad de La Borriquita cruzaba las puertas de la casa madre de los fieles madrileños, marcando la entrada triunfal de Jesús de Nazaret en Jerusalén.
El cielo despejado y un sol brillante -aunque con ráfagas de viento gélidas- contrastaban con el año anterior, cuando la lluvia mantuvo en suspenso las procesiones. La ausencia de tormentas llevó a las familias, que iniciaron el día con la misa de palmas, a acercarse a la calle de Bailén. Así, poco después del mediodía, la zona comenzó a llenarse y se activó el dispositivo de movilidad que cortó calles para que Madrid viviera su Semana Grande como corresponde.
Al otro lado de La Almudena, las mantillas se alistaban y los costaleros se preparaban para la salida. Un aroma a incienso flotaba en el ambiente, que era a la vez reverente y festivo. La primera imagen de la mañana de Palmas era un paso de misterio que captura este momento de la vida de Jesús. Creada por Ramón Martín, representa su ingreso a Jerusalén, aclamado y reconocido como el Mesías. Este año, la hermandad de La Borriquita presentó un nuevo acompañamiento musical. Al paso de Nuestro Padre Jesús del Amor lo seguía la banda de cornetas y tambores Virgen de los Llanos, de Albacete; y al de María Santísima de la Anunciación, la sinfónica de Alcalá de Henares.
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Recorridos de las procesiones del Domingo de Ramos en Madrid
Cerca de las 17.30 horas, cientos de personas se posicionaban en la Plaza Mayor, como dicta la tradición, con un ramo de olivos para dar la bienvenida a Jesús. Sin embargo, el momento más esperado del paso, tanto por quienes procesionan como por aquellos que vienen a compartir esta ocasión, no se produciría hasta pasadas las 18.30 horas, cuando la imagen cruzara la Gran Vía. Modernidad y tradición se entrelazaban, el ayer resonando en el presente con el ritmo de las alpargatas de los costaleros sobre el asfalto de la gran ciudad.
Pocos minutos después de que las puertas de La Almudena se abrieran, comenzaba, en el otro extremo del centro, la estación de penitencia de la hermandad de El Silencio, en la iglesia del Santísimo Cristo de la Fe, ubicada en el 87 de la calle de Atocha. Esta procesión, que -a pesar de su nombre- no se puede imaginar sin la música, representa una imagen de Cristo atado y flagelado.
Cuesta arriba, los costaleros levantaban, contra el viento, esta imagen hasta la plaza de Jacinto Benavente, atravesando el Madrid más auténtico hasta llegar a la catedral de La Almudena, para luego llevar la obra de Víctor Jiménez Gil a la Plaza Mayor y la Puerta del Sol. El Kilómetro Cero se ha transformado en un patio de butacas para recibir a los fieles madrileños, casi como una pequeña carrera oficial. Así, cientos de personas llegaron a lo largo del día para no perder una de las 600 sillas que el Ayuntamiento de Madrid ha colocado para el público. Tras esta parada, la procesión de El Silencio recorrió las estrechas calles del barrio de Las Letras, rumbo a su punto de partida, la iglesia de Atocha, que en realidad no es una parroquia tradicional, sino bienes de la hermandad.
A diferencia de estas dos primeras procesiones, la tensión era palpable entre los fieles que esperaban la salida del Santísimo Cristo de la Fe y del Perdón Crucificado, así como de María Santísima Inmaculada Madre de la Iglesia, desde la basílica pontificia de San Miguel. Tanto fue así, que los sanitarios de Samur-Protección Civil tuvieron que atender algún desmayo entre los feligreses.
La procesión de La Borriquita, en su salida de la catedral de La Almudena, este domingo.
(Isabel Permuy)
Un poco después de las 17.30 horas, las puertas de este templo en pleno Madrid de Los Austrias se abrieron para recibir al Redentor. Esta sobria talla de madera de caoba, sin ningún revestimiento, fue encargada al reconocido artesano sevillano Manuel Guzmán Bejarano, y representa la Crucifixión en un lecho de claveles rojos, en el más puro estilo hispalense.
Los treinta costaleros que llevaban esta imagen -cada uno soportando un peso entre 30 y 40 kilos- estaban acompañados por cerca de 200 nazarenos vestidos de oscuro, así como decenas de mantillas, en una procesión que destaca por la juventud de sus integrantes.
A medida que el paso de Cristo avanzaba, los asistentes rompieron el silencio para aplaudir con la Marcha Real tras la salida del paso de María Santísima Inmaculada Madre de la Iglesia. Esta talla, que los presentes contemplaban con devoción, estaba adornada con flores blancas sobre el palio, llevadas a cuestas por 35 hombres. Tras ella, avanzaba la banda de la Lira, de Pozuelo de Alarcón.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, también estuvo presente en el cortejo procesional, que recorrió las céntricas vías de la capital a través de la plaza de la Villa, la Plaza Mayor y la Puerta del Sol. Sin embargo, el momento más emocionante de esta procesión se vivió al anochecer, alrededor de las 20.30 horas, durante la llegada del conjunto a Pontejos y previo a la recepción del consejo de gobierno de la hermandad del Gran Poder y Macarena en la Colegiata de San Isidro, en la calle de Toledo.
La procesión del Silencio, en la calle de Atocha.
(EP)
Los apasionados de las saetas encontraron en la plaza de la Villa un lugar ideal para disfrutar de las procesiones. La cantaora granadina Esperanza Garrido inauguró el programa desde el balcón de la Casa de la Villa, interpretando una saeta al paso de las tres procesiones que han recorrido el centro de Madrid este domingo. A lo largo de esta Semana Grande, estos lamentos volverán a resonar con la participación de diversos artistas.



