El Histórico Primer Vuelo Comercial de Iberia: Herencia y Significado en Carabanchel
Carabanchel, 14 de diciembre de 1927. El frío y el barro no detuvieron a Madrid, que vivió uno de los momentos más significativos de su historia moderna: el primer vuelo comercial de Iberia. Ese día, el aeródromo improvisado en las afueras se convirtió en el escenario de una ceremonia que combinaba solemnidad y audacia. Frente a hangares de madera, dos trimotores Rohrbach Ro VIII Roland esperaban su turno. Eran máquinas de duraluminio, equipadas con tres motores BMW y capaces de transportar a diez pasajeros, prometiendo unir Madrid y Barcelona en solo tres horas y media.
La compañía Iberia había sido fundada seis meses antes, el 28 de junio de 1927, gracias al impulso del empresario bilbaíno Horacio Echevarrieta y la alemana Deutsche Luft Hansa. Con un capital de 1,1 millones de pesetas y tres aviones adquiridos, la aerolínea optó por un nombre estratégico: “Iberia”, evocador de la Península, diseñado para proyectar modernidad sin tensiones nacionalistas. Su objetivo era claro: conectar las dos capitales económicas del país con vuelos diarios y abrir la puerta a una red postal más eficaz.
El plan para el día era perfecto: el rey Alfonso XIII presidiría el evento, inspeccionaría el avión y presenciaría el aterrizaje del vuelo proveniente de Barcelona antes del despegue de Madrid‑Barcelona. Sin embargo, la climatología alteró el guion: niebla y nieve obligaron al avión que llegaba de El Prat a aterrizar en Almazán (Soria). Finalmente, a las 12:30, el Rohrbach matriculado M‑CBBB despegó hacia Barcelona con diez pasajeros y dos mecánicos alemanes. El billete tenía un precio de 163 pesetas para el viaje de ida y 300 para ida y vuelta, un costo comparable al coche-cama del tren, reservado para empresarios y periodistas.
Por dentro, las butacas de mimbre y un pequeño lavabo eran los únicos detalles de confort en un ambiente dominado por el estruendo de tres motores y el aroma a gasolina. En tierra, el repostaje se realizaba manualmente, con bombas accionadas a brazo y bidones alineados bajo el frío. No había mangas ni pasarelas: había oficio y paciencia. El rugido del despegue marcó el inicio de una nueva era. En el primer mes, Iberia llevó a cabo decenas de vuelos y transportó a cientos de pasajeros. Años más tarde llegarían Barajas, las rutas europeas y el salto transatlántico. Pero todo comenzó aquí, en Carabanchel, con barro en las botas y el futuro en las alas.
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