El icónico establecimiento cierra sus puertas y vende sus últimos artículos.


La melancolía envuelve a cientos de madrileños nostálgicos ante el anuncio del cierre de algunas de las tiendas centenarias que han marcado el ritmo comercial y emocional de la capital. Eran refugios cotidianos, casi como un segundo hogar, donde el tiempo se deslizaba sin prisa. En el mostrador se entrelazaban largas conversaciones entre coches de hojalata, puzles, peonzas y muñecas de trapo. La juguetería, alimentada por la pasión de cuatro generaciones, se menciona en Fortunata y Jacinta, la novela de Benito Pérez Galdós, que la define como una «gorrería». El autor denomina este comercio como «El ramo de azucenas», el lugar que Estupiñá recorría diariamente como atajo hacia su hogar, evitando así los treinta escalones.

La juguetería de confianza de Demi Moore

Este negocio familiar, fundado por Juan Arribas en 1919, no solo ha sido un manantial de felicidad para miles de niños y niñas en la ciudad, sino que también se ha convertido en una visita obligada para turistas extranjeros y, durante un tiempo, fue el establecimiento de confianza para importantes figuras de Hollywood como Demi Moore—quien compró muñecas cuando sus hijas eran pequeñas— y Charlton Heston.


Personalidades como Patxi Andión o Alaska también han frecuentado este establecimiento. La artista visito el local durante la pandemia, con la plaza completamente vacía, para adquirir una muñeca valenciana. «Es un gesto que siempre agradeceré», recuerda Conchita Rollán, la tercera generación, en una charla con El Mundo.

Un viaje a la infancia que se apaga

El Bazar Arribas, actualmente ubicado en el número 16 de la Plaza Mayor de Madrid, agota sus últimos días en la capital tras 119 años de historia y el paso de cuatro generaciones. Este emblemático comercio cerrará para siempre el próximo 31 de marzo. Al cruzar su puerta o incluso desde afuera, al contemplar su escaparate, es imposible no regresar a la infancia, a esos años felices en los que no existía el aburrimiento ni el temor a jugar en la calle.


Sin embargo, antes de ser una juguetería de referencia, fue una relojería ubicada en la misma plaza, pero en el número 19. «Aquí todavía conservamos el único reloj que se salvó del periodo de la Guerra Civil, detenido a las 17:00 horas», explica Rollán en una entrevista con El Confidencial. Dentro, además, se conserva el refugio usado durante la contienda, hoy transformado en desván.

El cierre de este establecimiento se produce tras el fallecimiento de María Concepción Arribas Navarro, histórica encargada del negocio, quien falleció el pasado mes de febrero a los 95 años, según ha confirmado Madrid Total. En sus últimos días de actividad, el comercio ha comenzado un proceso de liquidación que permite al público adquirir sus productos con descuentos del 30 %. Su desaparición deja un vacío difícil de llenar en la Plaza Mayor, poniendo fin a más de un siglo de historia y a un legado fundamental en la identidad comercial y sentimental de Madrid.

La melancolía envuelve a cientos de madrileños nostálgicos ante el anuncio del cierre de algunas de las tiendas centenarias que han marcado el ritmo comercial y emocional de la capital. Eran refugios cotidianos, casi como un segundo hogar, donde el tiempo se deslizaba sin prisa. En el mostrador se entrelazaban largas conversaciones entre coches de hojalata, puzles, peonzas y muñecas de trapo. La juguetería, alimentada por la pasión de cuatro generaciones, se menciona en Fortunata y Jacinta, la novela de Benito Pérez Galdós, que la define como una «gorrería». El autor denomina este comercio como «El ramo de azucenas», el lugar que Estupiñá recorría diariamente como atajo hacia su hogar, evitando así los treinta escalones.


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