El Malasaña para turistas: de frutería a tienda de aceite de cannabis | Actualidad en Madrid
Entre los juegos más conocidos de internet se encuentra GeoGuessr, en el cual se gana al adivinar un lugar a partir de una imagen aleatoria de Google Maps. Existen varios trucos para orientarse, siendo uno de los más sencillos observar el idioma en los letreros y nombres de negocios. Suponga que en la imagen lee: CBD oil, adventure hostel, concept store, make your own candle, sales 20% off, bed and gastro, superfood, roost chicken, lock and enjoy. ¿Podría decir, al menos, en qué país se ubica? Parece uno de habla inglesa. Podría ser Londres o alguna ciudad de EE.UU. O Singapur, donde el inglés es una de las lenguas oficiales. Si ha pensado eso, ha fallado. En realidad, es el barrio de Malasaña, en pleno centro de Madrid. En las últimas cuatro décadas, la zona ha experimentado múltiples transformaciones, y con cada cambio, más comercios, tanto históricos como cotidianos, han ido cerrando. Este periódico ha recorrido el Malasaña de 2026, haciendo un recuento de bares, fruterías, librerías, cines, herbolarios y salas de conciertos que han desaparecido en la última década.
El recorrido comienza en los alrededores de la conocida plaza de la Luna, epicentro del cómic en Madrid desde hace años. Allí estuvo abierta durante 29 años la tienda Elektra Cómics, la cual cerró el pasado diciembre, cuando su dueña les pidió duplicar el alquiler tras el interés de un inversor: de 2.469 a 4.500 euros. Los libreros no pudieron hacer frente a tal aumento y se despidieron de su barrio. Apenas 280 metros más allá se encontraba Madrid Cómics, pionera en la venta de tebeos en la ciudad, que cerró en 2022 para dar paso a un film lab.
El número de negocios que desaparecieron en Malasaña entre 2016 y 2026 no es un dato exacto, ya que muchos cerraron sin que se reportara en medios o redes sociales. Para este informe, se registraron aquellos locales cuya pérdida ―asociada a aumentos de alquiler, disminución de clientes por la turistificación del barrio o adquisición por empresas con más capital― fue documentada en medios o anunciada públicamente. Se cuentan cerca de una treintena. También existieron otros muchos que se cerraron en silencio y no aparecen en el recuento.

Una de las últimas pérdidas en el barrio ha sido la librería Tipos Infames, un proyecto fundado por tres amigos en octubre de 2010 en la calle de San Joaquín, que ahora también baja la persiana debido al aumento del alquiler. “Teníamos un incremento programado y el margen de ganancia se estrechaba cada vez más. Ahora estamos en un punto de no retorno en el que no podemos mantener el local”, señala Alfonso Tordesillas, uno de los propietarios, en una charla con EL PAÍS.

La precariedad que enfrentan se ha intensificado en los últimos meses debido a que muchos visitantes entran a la librería, pero no para comprar libros, sino para pedir capuchinos. “El 80% de las personas que entran [refiriéndose a los turistas] pide uno”, indica Tordesillas. Los nuevos clientes de las librerías de Malasaña ―que quedan unas seis en la zona― buscan productos que antes no eran tan comunes en este tipo de negocios, como mapas o postales, y otros, al ver que no hay libros en inglés, salen sin comprar nada.
Cada vez es más complicado llevar una vida de barrio, afirma Maribel Pizarroso, presidenta de la asociación vecinal Maravillas, un problema que sufren desde hace décadas. “Los pisos turísticos [uno de los principales inconvenientes del centro de Madrid] no son algo nuevo, aunque antes no eran tan numerosos. Han cerrado fruterías, tintorerías, zapaterías, tiendas de discos, librerías, todo lo que forma parte de la vida diaria de los vecinos. En agosto de 2023, había en Malasaña nueve tiendas 24 horas; en enero de 2026 hemos contado 28 de estas.”, dice Pizarroso.
El recorrido avanza desde la plaza de la Luna hacia la calle del Pez, una vía principal de Malasaña donde en 2019 los vecinos se despidieron de La Moda, la tienda de ropa infantil más antigua de Madrid, abierta desde 1896 y gestionada siempre por la misma familia. Cuatro años antes de su cierre, Primark inauguró su mayor tienda en España a ocho minutos a pie de La Moda. El local estuvo vacío un tiempo y ahora alberga Esotérica Madrid, que se presenta como tienda, restaurante y coctelería. Su atractivo incluye espectáculos de espiritismo, alineándose con la moda de los dinner show que se hacen cada vez más comunes en la ciudad. Lejos queda el eslogan que promovieron en su momento los comerciantes de la calle: “Quien compra en la calle del Pez, bien sabe lo que se pesca”.
Un par de calles más arriba, la familia de Andrea había vendido frutas y hortalizas a los vecinos durante más de 50 años. Su frutería, conocida como la dueña, abrió en 1958 y era una de las más antiguas de la capital. Con el tiempo, el negocio familiar tuvo que competir con grandes superficies cercanas, como Lidl y Mercadona, hasta que en julio de 2023 se cerró definitivamente. Ahora, en el local de la calle de Espíritu Santo, se venden productos naturales, específicamente aceite de cannabis en una cadena que ofrece todo tipo de productos relacionados con esta sustancia.

Daniel Sorando, sociólogo y autor de First We Take Manhattan. La destrucción creativa de las ciudades (Libros de la Catarata, 2016), considera que Malasaña es un ejemplo claro de cómo los barrios de las grandes ciudades, especialmente en el centro, pierden sus residentes, se encarecen y se transforman en zonas de recreo turístico. Este proceso ocurre en fases: “Comienzan los llamados pioneros de la gentrificación, que no son exactamente de clase obrera o popular, sino más cercanos a las clases medias: en su mayoría jóvenes con estudios y vinculados a profesiones relativamente precarias, donde tienen más capital cultural que económico. Por ejemplo, trabajadores sociales, artistas, comunicadores o profesores”.
Estos pioneros se sienten atraídos por estos barrios porque, tras la rehabilitación, pueden satisfacer sus necesidades habitacionales, además de dotarles de una capa de distinción: son históricos, mezclados socialmente y singulares. Quienes establecen estos negocios iniciales no están motivados principalmente por la rentabilidad económica y logran arrendar locales que aún no son muy caros porque el barrio todavía tiene un estigma. ¿Qué sucede después? “El estigma desaparece, se pone de moda y se convierte en un símbolo de distinción”. Esto provoca un aumento en el precio de alquiler tanto de locales como de viviendas. “Así, los pioneros son reemplazados en una segunda fase, y este proceso se repite mientras haya demanda. Las grandes cadenas llegan, atrayendo a clases medias y altas que ya no buscan distinción cultural, sino comodidad y seguridad, lo que lleva a que todos los barrios se asemejen”, añade el sociólogo.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, comentó en la reciente inauguración de Fitur que lamenta el cierre de negocios como Tipos Infames, pero que eso no implica que en Malasaña “no haya negocios que son perfectamente compatibles con la vida del barrio”. La capital cerró 2025 con 11,2 millones de visitantes e ingresó 17,9 millones de euros en gasto turístico internacional, en comparación con los 16,1 millones del año anterior.
Algunos de los nuevos negocios que han surgido en Malasaña ―visibles para cualquiera que pasee por la zona― incluyen: cadenas de cosmética coreana, restaurantes griegos, locales de tortillas para llevar de Pepsico, bares de mojitos a 5,50 euros, tiendas de recuerdos, alimentación 24 horas, más restaurantes griegos, consignas para maletas, bares con lectura de tarot, tiendas de vapers, cajeros automáticos, hostels o pisos turísticos. Entre los letreros en inglés y las ofertas llamativas, solo persisten algunas tiendas, como una mercería en la calle de Corredera Alta de San Pablo. A su lado, una inmobiliaria: vendido piso en la calle cercana por 550.000 euros.




