Era de transformaciones (por fin) en la moda de España | Semana de la Moda de Madrid | S Moda


Gradualmente se perciben las transformaciones en la Mercedes Benz Fashion Week Madrid, la semana de la moda en la capital española. Desde hace un año, el evento cuenta con una nueva directora creativa, la empresaria Valentina S. Zuloaga, cofundadora de la plataforma Es Fascinante, que se dedicó a promover y comercializar moda de autor nacional. Por primera vez en años, la pasarela previamente conocida como Cibeles recibió un grupo de invitados internacionales, similar a lo que han estado haciendo las semanas de moda de Londres, Copenhague o la 080 de Barcelona. Sin embargo, la lista de invitados estaba mayoritariamente compuesta por influencers de diversas partes del mundo, entre las cuales resaltaba Leandra Medine, antes conocida como Man Repeller, una figura emblemática del fenómeno influencer que asistió como invitada especial a la primera jornada de desfiles.

No obstante, las metamorfosis abarcan más que la notoriedad de las primeras filas. Hace un par de ediciones, algunos desfiles finalmente salieron de las instalaciones de Ifema para llevarse a cabo en el centro de Madrid, específicamente en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento. Esta vez, se añadió otro lugar, el Palacio de Fernán Núñez, un edificio del siglo XVIII administrado por Renfe y Adif. Allí se realizaron, respectivamente, la primera y la segunda jornada de desfiles.

La semana de la moda de Madrid comenzó el martes por la noche con una diseñadora internacional, la colombiana Johanna Ortiz, conocida por sus vestidos decorados con motivos tropicales que se han vuelto los preferidos de la alta sociedad madrileña (muchas de sus representantes estaban presentes). La elección de una diseñadora colombiana para abrir la agenda de desfiles no es casual, considerando que Madrid acoge cada vez a más latinos de alto poder adquisitivo.

La jornada del miércoles se centró en el diseño orientado a eventos, que es, a fin de cuentas, la base del negocio de la moda de autor nacional. Por el impresionante suelo de mármol de la galería de cristal desfilaron, entre otros, SEV, Isabel Sanchís y una figura icónica como Pedro del Hierro, cuya colección —titula Jardín de Invierno y basada en prendas versátiles y cómodas con detalles que las elevaban a la categoría de lujo, lo que la marca llama “elegancia invisible”— fue acompañada por música en directo de la Orquesta de Madrid.

La propuesta más intrigante a nivel creativo fue la de Juan Vidal, quien recibió el premio a diseñador del año por la pasarela madrileña. Su colección, titulada Edén, se inspiró en un viaje reciente del diseñador alicantino a Turquía. En su visita, adquirió varias mantas antiguas con granadas bordadas que transformó en chaquetas, resaltando los estampados. La granada se convirtió en el eje central de una colección que jugaba con el diálogo entre culturas, similar a lo que hizo hace un par de años al adquirir kimonos antiguos en un viaje a Tokio y reconvertirlos en diseños con patrones clásicos occidentales. En esta ocasión, Vidal implementó un delicado proceso artesanal que incluía bordados, encajes y cristales, explorando juegos de volúmenes y siluetas contrastantes, mezclando lo fluido y lo ceñido al cuerpo, entre lo oculto y lo revelador. Presentó combinaciones de estampados que referenciaban varias culturas (combinando motivos gráficos sin caer en excesos es complicado) y superposiciones de prendas que conferían a cada pieza, perfectamente adaptable en el día a día, una apariencia novedosa y original. También mostró vestidos negros al final de su desfile, evidenciando su destreza en cortes, drapeados y la fluidez del tejido. Juan Vidal es uno de los pocos diseñadores nacionales con el talento de agradar a todo tipo de públicos, sin importar si sus gustos son más clásicos o más conceptuales. Armoniza lo comercial con lo autoral como pocos. Su moda transmite discurso (el viaje, el choque de culturas, el proceso artesanal) pero a la vez es perfectamente cotidiana.

La jornada del miércoles concluyó de manera celebratoria con Teresa Helbig. La diseñadora catalana celebraba 30 años de trayectoria, un auténtico milagro en una industria dominada por monopolios y conglomerados y, en el contexto español, por grandes corporaciones textiles. Una española enfrentándose a los desafíos de su taller en Barcelona durante tres décadas o, como ella misma narró al inicio de su show en el teatro Infanta Isabel, “la historia de una mujer que viste a mujeres”. Su colección se titulaba Savage Swans, inspirada en el cuento Los cisnes salvajes de Hans Christian Andersen. En el universo de Helbig, esos cisnes se movían resueltos con zapatos planos por la pasarela, exhibiendo los elementos que la han establecido como un referente en el diseño nacional: tejidos tan ligeros que dan la sensación de volar, motivos gráficos bordados, plumas, suaves tonos y volúmenes que transitan de las siluetas de los años veinte a las formas trapezoidales de los sesenta. Se presentaron formas limpias y cómodas, con detalles que parecían flotar con el movimiento. Una moda real para mujeres, elaborada con manos femeninas. Los cisnes de Teresa Helbig son una rara avis en un ecosistema aún dominado por hombres.

Este es el verdadero cambio

La segunda jornada de la pasarela, realizada en el Palacio de Fernán Núñez, fue la prueba definitiva de que la moda española está en plena transformación. Y este cambio, además, no está relacionado con la estructura de la pasarela o sus mejoras para competir a nivel internacional, sino proveniente de algo más profundo: la colaboración entre diseñadores que, además de proponer nuevas formas de hacer moda en este país, creen en la importancia del apoyo mutuo para hacer frente a las carencias del sector.

El jueves en Lavapiés se presentaron algunas de las colecciones más destacadas vistas en Madrid en muchos años. Además de la calidad de las propuestas, el escenario, con un ambiente más industrial que palaciego, y alejado de la tradicional moqueta negra de Ifema, contribuía a la ilusión de estar asistiendo a desfiles en Londres o París, posiblemente el mayor cumplido que se le puede hacer a una cierta moda nacional.

Por la mañana, Miguel Becer, cerebro detrás de ManéMané, presentó su colección La levedad. “Está concebida como una especie de huida, un refugio que surge de la conciencia sobre el terrible mundo en el que habitamos. Vivir en un estado liviano, superficial y casi divertido”, compartió el diseñador. Entre las muchas razones que hacen su propuesta innovadora está su interés por el peso de las prendas. No es común que un creador se preocupe por el peso, pero para Becer, ese elemento que no se ve pero se siente es esencial para expresar a través de las prendas el estado emocional contemporáneo. Su propuesta consiste en eliminar partes esenciales de piezas básicas para explorar el desequilibrio; conecta partes superiores con las inferiores, añade detalles pesados a tejidos ligeros y juega con el equilibrio entre prendas de exterior en punto que sustentan al resto. En ManéMané hay una constante intención de transformar lo cotidiano sin perder de vista la realidad, llevando lo habitual a una dimensión extraña pero igualmente reconocible. Diseña desde un lugar de complejidad y reflexión.

Ernesto Naranjo obtuvo el premio EGO a mejor diseñador emergente en 2014, cuando cursaba primero de diseño de moda en Central Saint Martins. Recibió el reconocimiento y continuó sus estudios. Ahora regresa, esta vez a la pasarela principal, habiéndose convertido en un diseñador nacional de referencia gracias a hacer las cosas a su manera: en estos 12 años ha colaborado con John Galliano y Olivier Rousteing en Balmain, entre otros, y ha creado su propia marca, experimentando las alegrías y dificultades de ser empresario. Por eso, su colección se llama The Return, the Celebration y muchas de sus piezas son modeladas a partir de patrones circulares (“Una forma de cerrar el círculo”, dice). Incluye vestidos con escotes geométricos tensados, abrigos acolchados que envuelven el cuerpo, faldas drapeadas que parecen replegarse mientras se mueven, o blusas con patrones superpuestos; una mezcla de estructura y ligereza, jugando con la luz y la sombra para reflexionar sobre la interacción entre el cuerpo, el movimiento y la materialidad del vestido, como dejar huella a través de la ropa al tensarla, deformarla o desdoblarla. En resumen, se trata de la idea de que los recuerdos son reconstrucciones y no retazos literales del pasado, contándose a uno mismo de manera honesta a través de tejidos, formas y situaciones.

Por la tarde, Jaime Álvarez, de Mans Concept, volvió tras varias temporadas a diseñar una colección completamente masculina, donde se siente más a gusto. Al fin y al cabo, la moda masculina fue lo que lo llevó a convertirse en un joven referente en España. Hay un sinnúmero de diseñadores (demasiados, en realidad) que toman a Cristóbal Balenciaga como fuente de inspiración, pero pocos logran hacerlo desde una óptica más conceptual que literal. Álvarez lo ha hecho: “Me interesaba su obsesión por las espaldas y su forma de cuestionar dónde se colocan los cuellos o las cinturas”, señala. A su asombrosa colección de abrigos y americanas con espaldas arquitectónicas se suma una interesante deconstrucción de uniformes y códigos masculinos convencionales. En el primer caso, el uniforme se inspira en su gran referente, su abuelo farmacéutico. “Quería reinterpretar la bata blanca convirtiéndola en camisas y chaquetas”, menciona. En cuanto al segundo, parte de otro uniforme, el del señorito andaluz (Jaime es de Sevilla) para “trastocar el armario del hombre clásico”. Cada prenda ofrece múltiples lecturas o capas de significado: los chalecos de frac, por ejemplo, se combinan con el obi japonés, adornados con pasamanería de Casa Rodríguez, una institución en Sevilla donde las cofradías adquieren vestimentas para la imaginería de Semana Santa. La mente de Jaime Álvarez fusiona lo culto y lo popular, lo religioso y lo civil, lo local y lo global, sin nostalgias ni reconstrucciones. Eso, junto con su atención al detalle y a los pequeños símbolos, es lo que lo convierte en uno de los creativos más fascinantes de la actualidad.

La jornada se cerró con el dúo Xavi García y Franx de Cristal (Acromatyx), recientemente galardonado con el prestigioso premio Fashion Trust Arabia (uno de los más importantes a nivel internacional) y con el premio a la mejor colección en la primera edición de los premios de la Academia de la moda española. Con su primera tienda inaugurada hace un año en el barrio de las Letras (pocos creativos actuales pueden afirmar tener una tienda propia), su propuesta representa una especie de oasis en la moda nacional, ya que se nutre de referentes tan ajenos a lo local como el techno, la sastrería sin género, los estilos de vida alternativos y, en resumen, esa lección que figuras como Rick Owens enseñaron al planeta: hablar sobre la ternura, la comunidad y el cuidado mutuo (más necesario que nunca) desde una estética que podría describirse como oscura.

Esa comunidad estaba presente anoche en el Palacio de Fernán Núñez para observar su última colección, titulada Fe_Male 009, una declaración de principios, como todas sus colecciones, que aboga por la unión frente a una sociedad que insiste en dividir. “Se trazan límites entre lo masculino y lo femenino, entre lo que debe ser y lo que se permite. Sin embargo, dentro de cada cuerpo conviven ambas fuerzas: la firmeza y la delicadeza, la razón y el instinto, la protección y la entrega”, explicaban en las notas del desfile. A través de la corsetería, los tatuajes, las máscaras, los piercings y el imaginario fetichista, el dúo aborda lo frágil enmascarado como poderoso, el cuerpo como un lienzo para expresar identidades divergentes y, sobre todo, la imperiosa necesidad de ser distinto y hacerlo evidente tanto en el contenido como en la forma. Una propuesta que podría parecer puramente filosófica si no fuera acompañada por chaquetas, vestidos y partes de arriba hábilmente cortadas, esas piezas que cualquiera, no solo su comunidad, podría llevar, sabiendo que transporta algo a la vez común y diferente. Su universo, lejos de agotarse en la pasarela, tiene un recorrido tangible.

Tras la jornada del jueves, algunos de estos diseñadores (Ernesto Naranjo, Acromatyx, Miguel Becer y Juan Vidal) se reunieron en una cena privada para celebrar sus respectivos desfiles. Todos asistieron a ver las colecciones de los demás. Juntos forman, junto a otros diseñadores de nueva generación, la iniciativa Gen Spain, que brinda apoyo mutuo para presentar y comunicar colecciones. Esta es la primera edición de la semana de la moda madrileña en la que todos han desfilado, lo han logrado gracias a su esfuerzo conjunto y perseverancia. Diariamente luchan por mantener sus marcas a flote en el actual contexto. Muchos, además, enseñan en escuelas de moda para educar a las futuras generaciones. Ese es, por encima de todo, el auténtico cambio. Es la primera vez en años que la Mercedes Benz Madrid Fashion Week experimenta una jornada de desfiles con discursos e ideas dignas de las pasarelas internacionales. Y todo esto es gracias a ellos. En un momento en que las grandes corporaciones, la inteligencia artificial y la estandarización de gustos y tendencias predominan, es reconfortante saber que el ingenio y la colaboración prevalecen.



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