FORO ABIERTO: Un vecindario frente a un lanzamiento de libro


En los últimos meses, varios artículos en medios digitales han destacado las maravillas del proyecto de la Ermita del Santo, impulsado por el Ayuntamiento de Madrid. Por ejemplo, Paloma Martínez-Almeida (fácil adivinar su parentesco) publicó un artículo en Idealista. Estos textos, siempre acompañados de imágenes de impresionantes torres rodeadas de abundante vegetación, destacan las virtudes de un plan que promete regenerar un barrio con más de quinientas viviendas, mejorando el entorno y ampliando las zonas verdes, además de ofrecer mayor conectividad con nuevas vías y bla, bla, bla…

¡Curioso! Sin embargo, el barrio se opone y, junto con Ecologistas en Acción, desde una asociación de vecinos hemos llevado el plan de la Ermita del Santo ante los tribunales. Hemos presentado una demanda contra el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, confiando en que el Tribunal Superior de Justicia anule el plan y lo considere ilegal.

¿Y por qué un vecindario decide invertir en abogados y demandar a sus Administraciones por un proyecto que promete torres modernas, mucha vivienda y mucho verde? ¿Nos hemos vuelto locos o qué? Aquí está nuestra explicación.

La parcela de nuestra historia

Esta parcela, que alguna vez fue parte de un prado pintado por Goya, nunca tuvo uso residencial. Durante muchos años, fue un centro de esparcimiento para la empresa Explosivos Río Tinto. En 1989, se inauguró el Centro Comercial Ermita del Santo, un referente lúdico y deportivo para toda la ciudad, donde existió el primer parque acuático de Madrid y la famosa sala Aqualung, que albergó a artistas de renombre como David Bowie, Oasis y Status Quo.

Tras el soterramiento de la M-30 y la finalización de las obras de Madrid-Río, en 2012, la propiedad pasó a manos de la SOCIMI Desarrollo Ermita del Santo, que la adquirió por un precio módico, en un momento en que el mercado del ladrillo estaba débil.

Considerando que estamos hablando de una parcela con acceso directo a la M-30, ubicada en las terrazas del Manzanares, donde se encontraba la casa de Goya, cerca de la Ermita de San Isidro de 1725 -una de las tres ermitas madrileñas que sobrevivieron a la modernidad- además de estar en cercanía de varios parques… Los nuevos propietarios, dos adinerados venezolanos, debieron pensar que un terreno tan atractivo podía generar grandes beneficios. Pensaron que, al demoler el centro comercial y sus instalaciones deportivas para construir torres de viviendas, obtendrían enormes ganancias. Para ello, era necesario cambiar el uso del terreno de comercial a residencial, lo cual requería la aprobación del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. Aunque casi no visitaban la ciudad, los multimillonarios Alberto Finol Galué y Francisco Sacchini Magaldi mantenían buenos contactos en Madrid.

Cómo se fue gestando el Pelotazo

Tras adquirir la parcela en 2012 por 17 millones, los responsables de la SOCIMI comenzaron a maniobrar en secreto para lograr la recalificación. Un simple cambio de uso podría elevar el valor de ese terreno de 44.090 m2 a unos 81 millones. (Esto es solo el inicio, ya que luego vendrían la venta de lujosos pisos, locales y garajes… ¡Un auténtico pelotazo!

El primer intento fue con la alcaldesa Ana Botella, quien dio el visto bueno, pero la Comunidad de Madrid rechazó el plan. Posteriormente, Manuela Carmena asumió el Ayuntamiento y desechó la recalificación, argumentando que no beneficiaba a la ciudad. Mientras tanto, el Centro Comercial Ermita caía en el abandono, y la falta de mantenimiento y la degradación de las instalaciones sirvieron como excusa para solicitar la recalificación. Los especuladores han seguido al pie de la letra el manual para los pelotazos.

En 2019, con José Luis Martínez-Almeida como alcalde, los especuladores se lanzaron a fondo en su plan. El 14 de julio de 2022, mientras el vecindario estaba en pleno descanso veraniego, el Ayuntamiento firmó la modificación del Plan General de Ordenación Urbana para el Paseo de la Ermita del Santo. Semanas más tarde, el barrio se enteró por la prensa digital y todos quedamos horrorizados. No hace falta ser experto en urbanismo para ver que el plan aprobado era un despropósito: seiscientas viviendas en torres de hasta 29 plantas y ochenta metros de altura, todo ello en una parcela de poco más de cuatro hectáreas. ¡600 viviendas en un terreno del tamaño de tres campos de fútbol!

Empezó la lucha ciudadana

La noticia del plan del Ayuntamiento se difundió rápidamente. No solo porque esta parcela tiene un valor especial para el vecindario; sus instalaciones deportivas aún se utilizan masivamente y el deteriorado centro comercial sigue prestando servicio al barrio. A nuestro distrito le falta infraestructura pública: centros educativos, equipamientos deportivos, centros de día, etc. Nuestro barrio carece de biblioteca. El plan de construir 600 viviendas y atraer a 2.000 nuevos residentes con sus muchos coches solo podría agravar la situación de los servicios públicos que ya sufre el vecindario.

La aprobación del plan por parte del Ayuntamiento, sin consultar a nadie, desató la indignación. El boca a boca llevó a una veintena de vecinos a convocar una Asamblea Informativa que reunió a cientos de personas. Ahí comenzó todo. Para manifestar el rechazo al plan, se recogieron 7.000 firmas y se presentaron 1200 alegaciones al Ayuntamiento. Ante el rechazo vecinal, el concejal de distrito convocó una reunión informativa en el Teatro Goya, donde medio millar de vecinos llenaron el recinto y muchos más quedaron fuera. Las explicaciones municipales no convencieron a nadie, y la respuesta colectiva fue clara: ¡NO AL PELOTAZO!

A partir de ahí, organizamos grupos de trabajo y, mediante asambleas vecinales, convocamos manifestaciones, caceroladas y bicicletadas con la participación de miles de personas. También se llevaron a cabo actividades como mesas informativas, recorridos históricos por el barrio, y encuentros de coordinación con otros colectivos dañados por actuaciones urbanísticas, además de colaboraciones con publicaciones de la ETSAM y divulgación en prensa. Sin olvidar las protestas en actos oficiales del Ayuntamiento en Cibeles y Plaza de la Villa.

Y llegó la aprobación del Pelotazo

El Ayuntamiento no respondió a las alegaciones vecinales, tomó nota del rechazo al plan y decidió seguir con la tramitación en silencio. Se hizo una revisión del proyecto y, sin previo aviso, el plan final se presentó para aprobación. Este nuevo plan, que nunca se hizo público hasta su aprobación definitiva, fue aprobado en febrero de 2025 con los votos del PP. Posteriormente, fue enviado a la Comunidad de Madrid, que dio su aprobación final el pasado julio. Un terreno que había sido de uso deportivo y recreativo fue recalificado para uso residencial, incrementando considerablemente su valor.

Borja Carabante, concejal de Urbanismo del Ayuntamiento, nos ofreció unos espléndidos vídeos promocionales del proyecto. El consistorio municipal ahora promoviendo una promoción privada. Por lo que parece, ahora son «solo» unas 530 viviendas. Nos dicen que unas 159 serán protegidas. Dado que no se pueden construir VPO en suelo privado, en realidad se trata de Viviendas de Precio Limitado. Según como está el mercado, estas viviendas también resultan inasequibles para jóvenes y familias de menos recursos. Además, en 15 años las VPPL dejan de ser públicas y se convierten en activos de inversión. El resto de las viviendas a precio libre, en el contexto actual, serán de lujo a precios desorbitados, inaccesibles para la gran mayoría. Estos serán activos de los fondos de inversión para especulación inmobiliaria. Los artículos iniciales mencionaban que serían «pisazos» para alquiler.

¿Por qué hemos demandado al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid?

Cualquiera -excepto los promotores del proyecto- entiende que más de quinientas viviendas no caben adecuadamente en un terreno de poco más de cuatro hectáreas. Por mucho que el Ayuntamiento intente convencernos, entendemos que este no es un proyecto de regeneración urbana. La única lógica en el plan de la Ermita es generar el máximo beneficio económico para ciertos inversores privados.

Fundamentalmente, el plan de la Ermita es un desatino urbanístico. Intenta introducir en una parcela una población similar a la de Rascafría o Buitrago. No hay estaciones de metro ni cercanías en las proximidades; el único transporte público son los buses de la EMT. Conscientes de esto, los autores del proyecto prevén construir 600 aparcamientos… pero estos vehículos deberán integrarse en el tráfico del barrio, saliendo a calles de solo dos carriles, lo que generaría un aumento significativo de atascos y contaminación en un área que ya está afectada por la operación urbanística Mahou-Calderón. Este cambio de uso de deportivo y recreativo a residencial no contempla la ampliación de las dotaciones públicas en la zona, constituyendo un proyecto en contra de la coherencia urbanística y del interés general, que solo favorece a sus promotores y, de llevarse a cabo, empeoraría la calidad de vida de decenas de miles de personas que residimos en la zona. Además, el plan propone un devastador impacto paisajístico, con las torres más altas en el entorno del Manzanares, siendo otro atentado contra el ya maltratado paisaje histórico de Madrid.

Entendemos que el Ayuntamiento y la Comunidad han hecho una interpretación retorcida de la normativa urbanística y han manejado el plan de la Ermita de manera poco diligente. En la actuación del consistorio madrileño, ha prevalecido el favorecimiento de intereses privados de ciertos especuladores, en detrimento de la ciudad.

Confiamos en que la justicia -al igual que en el caso de las cocheras de Cuatro Caminos o el parking del Bernabéu- priorizará el interés general de la ciudadanía sobre los particulares intereses de especuladores. Esperamos que la justicia declare ilegal la recalificación de esta parcela.

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