La Almudena rinde homenaje a las 45 víctimas de Adamuz junto a Ayuso y Almeida, pero sin la presencia de Más Madrid, Vox y casi todo el PSOE.
Madrid ha honrado a las 45 víctimas del trágico accidente de Adamuz. Durante una ceremonia fúnebre solemne que ha durado un poco más de una hora, la Catedral de La Almudena, que se encontraba repleta, ha rendido homenaje a los fallecidos.
«Elevamos nuestras oraciones por su eterno descanso y por aquellos heridos que aún están en los hospitales», declaró el arzobispo de Madrid, José Cobo, ante numerosas autoridades presentes en el imponente templo madrileño, incluyendo a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, quien llegó acompañada por el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, y el portavoz del Gobierno de Madrid, Miguel Ángel García Martín.
Todos los representantes políticos accedieron al templo en completo silencio y sin hacer declaraciones a los medios, en un ambiente de recogimiento que sólo se veía interrumpido por los destellos de las cámaras y el repique de las campanas de la Catedral de La Almudena.
El único miembro del Gobierno presente fue el delegado del Gobierno, Francisco Martín, quien accedió por la entrada de autoridades. Reyes Maroto, única representante del PSOE madrileño en el evento, optó por no asistir, alegando que el resto de su partido, incluido su líder, Óscar López, no recibió una invitación, a pesar de que la misa era de entrada libre, y decidió no participar en la ceremonia.
Ningún representante de Más Madrid estuvo presente, argumentando que la presidenta madrileña, quien solicitó al arzobispo la celebración del acto, estaba utilizando el dolor de las víctimas con fines políticos. Similarmente, Vox no asistió, salvo por el ‘díscolo’ Javier Ortega-Smith, quien decidió acudir a pesar de contradecir la postura de su partido.
Aunque Alberto Núñez Feijóo acompañó a los Reyes en el funeral de Huelva, que se celebró a la misma hora, la portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, Esther Muñoz, asistió al funeral en Madrid en representación del partido junto a varios diputados nacionales y regionales, como Marimar Blanco.
La presidenta de la Comunidad de Madrid llegó cuando casi todos ya estaban dentro, ocupando el primer banco del templo, acompañada nuevamente por el alcalde de Madrid, el presidente de la Asamblea Enrique Ossorio y el delegado del Gobierno, con quien coincidiría en un acto institucional por primera vez en mucho tiempo.
«La Iglesia permanece en silencio junto a un pueblo herido»
Después de los primeros momentos, el arzobispo José Cobo pronunció una homilía donde destacó que la Iglesia está en un «silencio compartido» al lado de un «pueblo herido» por la tragedia de Adamuz. En un tono solemne, Cobo enfatizó la importancia de unirnos, junto a las autoridades y a toda la ciudadanía, para enfrentar «desde la fe el dolor de las víctimas», el sufrimiento de sus familias y la «solidaridad expresada por vecinos y cuerpos de emergencia» en estos días que han tocado profundamente a la comunidad.
Al igual que en otras diócesis, se recordó especialmente a las seis víctimas mortales relacionadas con Madrid, Alcalá y Getafe, así como a los heridos que aún se recuperan. La homilía personalizó el duelo, mencionando «vidas truncadas, historias interrumpidas y lazos rotos demasiado pronto» y Cobo evocó el “silencio del Sábado Santo”, un silencio lleno de memoria y respeto, alejado de cualquier vacío o indiferencia.
Frente a la magnitud del dolor, la Iglesia ha rehusado ofrecer respuestas rápidas o explicaciones definitivas. El mensaje ha sido, ante todo, de presencia: acompañar a quienes han perdido a un hijo, a una esposa, a un hermano o un amigo; estar cerca de quienes sienten «que su vida se ha desmoronado y que el futuro se ha vuelto incierto». Aun cuando faltan las palabras, se reiteró que la cercanía sincera ya constituye una forma de consuelo.
Unas palabras de aliento para los familiares de las víctimas que concluyeron recordando «que la vida no se controla ni se posee del todo» y que, «desde esa conciencia», Cobo invitó a formar parte de una esperanza silenciosa: la de «un Dios que se queda, que acompaña en la muerte y que sostiene a través de la comunidad».



