La centenaria Feria del Libro de la Cuesta de Moyano ha sido declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial.


La Cuesta de Moyano, uno de los lugares culturales más icónicos de Madrid, ha celebrado recientemente su primer centenario y la Comunidad de Madrid le ha otorgado un reconocimiento especial: su Feria del Libro ya es un Bien de Interés Cultural, en la categoría de Patrimonio Inmaterial.

El Consejo de Gobierno, bajo la presidencia de Isabel Díaz Ayuso, ha aprobado este miércoles esta iniciativa para resguardar «uno de los espacios más representativos de la vida cultural madrileña, que es un testimonio vivo de la tradición literaria y comercial de la capital durante más de un siglo».

Con esta distinción, «se protege un enclave histórico de compraventa de libros, tradicionalmente antiguos y de segunda mano, que se ha consolidado como símbolo de identidad de la ciudad», enfatiza la Comunidad de Madrid.

La Feria del Libro se encuentra en la calle de Claudio Moyano, adyacente al Real Jardín Botánico, forma parte del Paisaje de la Luz, incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco y «es una de las pocas ferias permanentes de estas características que existen en España y Europa, comparable a la de los bouquinistes del río Sena en París».

Parón en la pandemia

A lo largo de su historia, la Cuesta de Moyano ha representado mucho más que un mercado de libros, manteniendo vivas prácticas culturales y sociales vinculadas al conocimiento, la lectura y el intercambio literario. Desde su fundación en 1925, ha operado de manera continua, con la única excepción de breves interrupciones durante la Guerra Civil española y la pandemia de coronavirus.

Testigo de diversos cambios políticos y de la vida en España, su valor patrimonial se hace evidente en numerosas obras literarias y cinematográficas, como Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela, o la película Las bicicletas son para el verano de Jaime Chávarri.

Su origen se remonta a las antiguas ferias de San Mateo, que se realizaban en Madrid hasta finales del siglo XIX. En 1919, los vendedores comenzaron a instalarse frente a las verjas del Real Jardín Botánico, y fue en mayo de 1925 cuando el Ayuntamiento aprobó la creación de un mercado permanente de 30 puestos de libros usados en su actual ubicación. Las casetas que actualmente albergan a los libreros fueron diseñadas por Luis Bellido, quien era el arquitecto municipal en ese momento.

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