La muestra de porcelana que fascinó a la corte española del siglo XVIII.


Los servicios de mesa, esculturas, floreros y jarrones de porcelana tierna elaborados en la Real Fábrica del Buen Retiro adornaron las mesas y salas de la corte española durante décadas. Esta factoría funcionó desde 1760 hasta 1808 y en ella se experimentó con minerales provenientes de Vicálvaro, Vallecas, Colmenar Viejo y Galapagar. La Fábrica de la China, como se la conocía popularmente, cobra vida estos días con una exposición en el Centro de Interpretación de Nuevo Baztán titulada Porcelanas para los reyes de España. La producción de la Real Fábrica del Buen Retiro. Las piezas, que proceden del Museo Arqueológico Nacional (MAN) y del Museo de Historia de Madrid, demuestran el meticuloso y delicado trabajo que artesanos y técnicos realizaron en la capital española bajo el mandato de Carlos III.

La conservadora del departamento de Edad Moderna del MAN, María Ángeles Granados Ortega, ha comisariado la exposición: “En Europa se trataba de imitar la porcelana china y japonesa, la porcelana dura. Se buscaba descubrir el secreto de esa porcelana que era muy blanca, a veces translúcida, con decoraciones exquisitas, muy resistente y sonora”, explica la experta.

En realidad, la porcelana auténtica consistía en una mezcla de caolín y feldespato cocida a altas temperaturas, entre 1.300 y 1.500 grados centígrados. En contraste, la porcelana tierna era una mezcla de arcillas que no necesariamente incluían caolín, un material que se tardó en identificar en Europa. Ciudades como Venecia avanzaron en la creación de esta mezcla tierna y no fue hasta el siglo XVIII que se logró elaborar la dura con materiales europeos.

Porcelanas para los reyes de España. La producción de la Real Fábrica del Buen Retiro (Cedida)

Esto fue posible gracias a los experimentos financiados por Augusto II el Fuerte de Sajonia y rey de Polonia, quien estableció la primera fábrica de porcelana occidental en Meissen (Dresde, Alemania). “Sus artículos se convirtieron en objetos de admiración por parte de las élites más refinadas y llegaron a las cortes europeas, sobre todo a través de regalos diplomáticos”, señala Granados.

La porcelana napolitana toma El Retiro

Aún no se había incorporado la capital española. Esto ocurrió después de que Carlos VII de Nápoles y Sicilia, quien se convirtió en Carlos III de España, se casara en 1738 con una princesa sajona, María Amalia de Sajonia, hija del dueño de la fábrica de Meissen. “El monarca quedó fascinado por las numerosas piezas de porcelana que vio. Se dice que, para complacer a su esposa, creó una manufactura en Capodimonte en 1743 donde, por supuesto, no se elaboró porcelana dura porque no logró conseguir la fórmula de su suegro”, agrega la comisaria. La factoría estuvo operativa hasta 1759, cuando su propietario heredó el trono español. Así nació la Real Fábrica de Porcelana de Su Majestad Católica, situada en el jardín del palacio del Buen Retiro de Madrid.

influencias de la porcelana napolitana, fabricada con la misma pasta tierna traída de la región de Lacio. Con ella se crearon las dos primeras grandes obras: dos salas completamente revestidas de porcelana, localizadas y aún visitables en el Real Palacio de Aranjuez y en el Palacio Real de Madrid, esta última de 1776, obra de Giuseppe Gricci, conocido en España como José Gricci.

‘Porcelanas para los reyes de España. La producción de la Real Fábrica del Buen Retiro’ (Cedida)

La escasez de materia prima para elaborar porcelana llevó al arcanista Cayetano Scheppers a experimentar con tierras españolas. Se obtuvo una mezcla menos blanca, de un tono más cremoso, poco adecuada para objetos utilitarios como vajillas y elementos para chocolate, té o café. “Esta dificultad técnica significó que la producción siguiera siendo exclusiva para la Casa Real, mientras que en el periodo de Capodimonte ya se había vendido al público”, señala la experta del MAN. Comprobaron que los ácidos de los alimentos y el calor limitaban la durabilidad de estas piezas.

A la vez, se experimentó un auge en la producción de esculturas de temas como la mitología, la comedia del arte, escenas de género y figuras chinescas. “Se empleó una policromía más densa ya que a menudo se buscaba ocultar la escasa claridad de la pasta tierna”, añade la misma Granados.

Ecos de la porcelana francesa llegan a Madrid

En enero de 1775, un gran servicio de mesa elaborado en la fábrica de porcelana de Sèvres, propiedad de Luis XV, llegó a la corte española como regalo para su nieta, María Luisa de Parma. Este servicio, realizado con porcelana dura, fue descubrimiento en el caso del francés en 1769. “Este servicio asombró a la corte española por sus formas y decoraciones exquisitas e introdujo la influencia de Sèvres en la porcelana tierna de Madrid”, explica la investigadora del Museo Arqueológico Nacional.


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A pesar de la crisis que enfrentaba, Carlos III optó por no cerrar la fábrica. Para resolver esta situación, llegó a Madrid Carlos Scheppers, hijo de Cayetano y la figura más emblemática de los arcanistas de Capodimonte, quien mejoró significativamente la calidad del material en 1774. Finalmente, un Grici, escultor como su padre, fue nombrado arcanista al final del reinado de Carlos III, cuando en 1786 se añadió a la pasta tierna una tierra proveniente de los Pirineos. Esto impulsó el inicio de la venta pública de porcelana, que Carlos IV implementó a principios de 1789.

Este monarca introdujo estas creaciones en los banquetes que organizaba, mediante la vajilla. Así mismo, se popularizó el acabado en bizcocho de las esculturas, es decir, una porcelana cocida solo una vez y sin vidriar. Además, se desarrollaron espacios especiales, como la salita de porcelanas en la Casita del Príncipe en El Escorial. Asimismo, Carlos IV anheló convertir la fábrica en una gran empresa comercial de porcelana dura, que aún no existía. Por ello, en 1803 envió al joven químico Bartolomé Sureda a París para estudiar la producción de Sèvres.

Por fin, la porcelana dura

Tras su regreso de París, un año después logró una porcelana dura no fabricada con caolín y feldespato, sino con sepiolita extraída del extrarradio de Vicálvaro y Vallecas. “A partir de ese momento, comienza una etapa que promete ser muy próspera con la producción de piezas utilitarias en blanco, destinadas a una clientela más amplia”, añade Granados. Se conservan algunas de las piezas más lujosas de esa época, muchas de las cuales están en exhibición.

‘Porcelanas para los reyes de España. La producción de la Real Fábrica del Buen Retiro.’ (Cedida)

No obstante, esta fase floreciente se vio bruscamente interrumpida por la invasión napoleónica de Madrid en 1808, cuando el jardín del Palacio del Buen Retiro se convirtió en centro de operaciones militares, que fortificaron. En la fábrica se interrumpió la producción de porcelana y se transformó en cuartel. “En 1812, el pueblo madrileño arrasó el edificio y finalmente fue volado por tropas inglesas, que eran aliados, unos cuatro años después”, señala la comisaria. Así concluyó la producción de porcelana en la Real Fábrica del Buen Retiro. Además, su archivo se perdió, lo que ha complicado el estudio de las piezas que aún hoy pueden ser disfrutadas.

Una exposición que recorre casi medio siglo

Un total de 67 de esas piezas, que representan todas las etapas de la producción, están expuestas en el Centro de Interpretación de Nuevo Baztán. Algunas incluso proceden de Meissen. Granados destaca dos de ellas que formaron parte del servicio de desayuno que los padres de María de Sajonia regalaron. Desde la fábrica de Capodimonte también se exhiben algunos elementos, así como varias manufacturas de los inicios de la fábrica madrileña cuya atribución es incierta. “Con esta transición entre la fábrica de Capodimonte y la madrileña, resulta difícil determinar el lugar exacto donde fueron producidas”, sostiene la especialista.

La exhibición, accesible de forma gratuita hasta el 7 de junio, incluye esculturas de diversos temas, jarrones y vajillas. Resulta curioso un plato que lleva la inscripción: “Desecho”. Según Granados, es una prueba en la fábrica destinada a evaluar la resistencia a los ácidos y al calor que terminó dañada y, por ende, fue desechada. La experta enfatiza que las investigaciones realizadas a finales de siglo en la glorieta del Ángel Caído en el Parque del Buen Retiro, donde estaba la Fábrica de la China, han permitido recuperar “numerosos fragmentos, algunos más o menos íntegros, que son testigos de la producción de porcelana durante casi medio siglo”.

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