La nueva expedición de Leo Bassi: un Stonehenge en las montañas de Madrid | Cultura


Debido a las circunstancias del circo, la vida de Leo Bassi (Nueva York, EE. UU., 73 años) podría llenar varias biografías. Se ha relacionado con figuras históricas, ha actuado en numerosos países, su humor le ha llevado a recibir amenazas de muerte y ha fundado su propia religión, el patolicismo, que rinde culto a los patos de goma desde su sede en el barrio de Lavapiés, en Madrid. Es comprensible que lo mundano le parezca insuficiente. “No soy la misma persona desde que vi una imagen del telescopio espacial James Webb”, confiesa, con ansiedad. “En los espacios que parecen oscuros entre las estrellas, hay miles de galaxias como la nuestra. Estamos en una galaxia de clase media baja, ni siquiera cerca del núcleo. Seríamos Parla”.

Bassi profundiza en su reflexión sobre la vastedad: “Es una imagen antifascista, si se la muestras a uno de Vox, se da cuenta de que no tiene importancia”. Bajo el cielo estrellado de la sierra de Madrid, el comediante está construyendo una instalación megalítica en un terreno, con la ayuda de un arqueólogo y un astrónomo, orientada, dice, hacia el agujero negro del centro de la Vía Láctea. “Quería crear un lugar inspirado en mis lecturas sobre el neolítico y reconectarme con este mundo antiguo”. El Stonehenge de Leo Bassi está formado por un círculo de grandes piedras alineadas para funcionar como observatorio y un trono de piedra sobre un túmulo, donde desea que reposen sus cenizas. Prefiere no revelar la ubicación. “No es para espectáculos masivos, sino para noches de astronomía o historia con personas que me apasionan”. ¿Hay un objetivo humorístico en esta performance? “Quizás en 500 años trascenderé mi muerte haciendo reír a alguien, cuando descubra que la época no era adecuada y que era de un payaso”.

Para el miembro de la sexta generación de una dinastía de artistas, hay una sensación de asombro que recuperar. “La gente del circo no solo ofrecía un espectáculo, sino un ritual, algo mágico. Volver a las piedras era el desarrollo final. El espectáculo se está convirtiendo en algo que se ve en un móvil”. Y el móvil, como ha aprendido el payaso de origen italiano, no siempre es confiable. En relación a su obra anterior, Mussolini, Bassi creó un canal de TikTok donde aparecía disfrazado como el dictador. Existió durante nueve días. “Tuvo un millón de reproducciones, pero me suspendieron por contenido de odio”, se lamenta.

Con la misma determinación que un personaje de Liam Neeson al hablar del secuestro de sus redes, expone que ha investigado quién controla TikTok en Madrid y dónde están sus oficinas para exigir una reparación. Ese ha sido el principal sobresalto vivido con el show, que llevó a Italia, a pesar de episodios aislados de boicot fascista. Novatos junto a alguien que ha hecho del arte de molestar una especialidad.

Al volver a las estrellas, en su última visita, Bassi dedicó su tiempo a reivindicar a Giordano Bruno, monje astrónomo del siglo XVI quemado por la Inquisición romana. “Estuve en una manifestación pidiendo a la Iglesia y al nuevo Papa que se disculparan por haberlo asesinado”. TikTok y León XIV siguen sin pronunciarse.

Mientras tanto, el papa de la Iglesia Patólica, en cuya capilla ha colocado la foto de James Webb, ha vuelto a oficiar misas este septiembre. Con capacidad para 32 personas, las reservas se hacen con meses de antelación. “Tenemos muchas bodas y bautizos, nunca a ningún menor como nuestros competidores. Y hemos realizado cinco funerales”. En el pequeño espacio dedicado al pato de goma, ha conseguido reunir una colección considerable. Una de las piezas más valiosas es un pato fabricado en la URSS en 1954. “Lo compré en un mercadillo en Rusia. ¿Te imaginas? En la Unión Soviética, todo se producía de acuerdo a un plan. Alguien, en alguna comisión estalinista, tuvo que levantarse frente a sus compañeros y argumentar que era importante proporcionar a los obreros unos patitos para sus hijos”.

Recientemente, ante un aumento de visitantes chinos, abordó a una turista para preguntarle cómo había conocido su Iglesia. La respuesta lo dejó sorprendido: “Eres famoso, apareces en el Libro Rojo”. Se refería a RedNote, una aplicación china donde una influencer había recomendado el Paticano. Bassi, que habla español, italiano, francés, inglés y alemán, ya ha aprendido algunas palabras en mandarín. Atribuye el éxito del pato a que es “el primer dios sin trascendencia”. “No desea ser grande. Puedes rezarle y no pasará nada, es un reflejo de ti mismo. En un mundo hipócrita, representa una fuente de verdad”, proclama el líder del culto. La capilla tiene puertas blindadas tras un incidente en el que alguien quemó parte de la entrada. “Como a Giordano Bruno. ¡Es un riesgo que los científicos y los payasos comparten!”.

El payaso contra Dios

El incidente más grave que ha experimentado Leo Bassi en Madrid fue un intento de atentado en el teatro Alfil en 2006, donde presentaba La revelación, una parodia de predicadores hecha en clave de proselitismo laico. Luego de amenazas de grupos ultracatólicos, un técnico encontró una bomba junto a su camerino. “Podría haberme matado. Hoy, 19 años después, no han encontrado al responsable”. Esa noche se cuestionó qué estaba haciendo arriesgando su vida “en este país de mierda”, pero concluyó que marcharse sería “darles una victoria”. Se siente vinculado a España por una “voluntad de lucha” que, asegura, ha encontrado aquí más que en otros lugares. Otro lazo es la “educación ibérica” que recibió indirectamente cuando su familia se estableció en las afueras de París. “Nuestros vecinos eran republicanos exiliados. Uno de mis primeros recuerdos es ver a mi abuela en la acera junto a otras abuelas valencianas en sillas”.

En su hogar en la sierra madrileña, además de una cantidad indeterminada de muñecos, tazas o gorras de patos, tiene una roulotte inspirada en la de su familia, con reliquias de sus antepasados. Funciona como oficina, donde se inspira bajo la memoria de la tradición circense. “¿Sabes por qué los payasos llevan zapatos y trajes grandes y coloridos? Mi abuela me contó que un pobre se vestía con lo que le daban, un pantón de un color, lo de arriba de otro y zapatos grandes usados, porque los pequeños duelen. El payaso lo lleva con orgullo. En las ciudades del siglo XIX, había trabajos agotadores y muchos aguantaban porque bebían. Se pinta la nariz de rojo porque está más borracho que un borracho. Ese es su significado político”.

El ritual de sacrificio es parte del proceso. “Mis provocaciones, ensuciarme, untarme miel con plumas son formas de perder mi dignidad buscando otra dignidad”. Pero la broma más fructífera de Bassi afectó a otro. Su gag de hacer explotar un excremento de vaca con un petardo, que ha realizado en teatros y ante la audiencia de Crónicas marcianas, alcanzó su clímax en el festival Just For Laughs de Canadá. “El alcalde de Montreal estaba en primera fila y las cámaras capturaron cómo le caía mierda. El productor me dijo que eso era lo más horrendo que había visto y que nunca volvería a trabajar, pero las imágenes fueron noticia en televisión durante meses. Las usaron para las elecciones y gané mucho, porque tuvieron que pagarme derechos. Parte del terreno de las piedras se financió con esa explosión de mierda”.

El tema de la controversia volverá a surgir pronto. En enero, tiene previsto llevar a los escenarios una sátira sobre Israel, “para demostrar que siempre ha sido un proyecto colonialista y de apartheid”. Hará el papel de su primer líder, Ben-Gurión. “De joven, era favorable al sionismo”, revela. “Con 21 años, actué para el ejército en el desierto del Néguev y estaba Ariel Sharon, quien luego fue primer ministro y verdugo del Líbano. Lo hice reír y me invitó a su mesa”. A medianoche, Sharon comenzó a hablarle de manera mística: “Yo soy la reencarnación de Saúl, luchando contra los amalecitas”. Según su relato, los palestinos eran los amalecitas y Dios le había encomendado matarlos. “No es diferente de lo que dice Netanyahu. Tengo amigos judíos que no quieren saber nada, no representan su pensamiento”.

Tras toda una carrera combatiendo el fanatismo, no le teme a esta nueva confrontación. “Es el payaso que se enfrenta a Dios. Yo no tengo ningún problema, porque no existe. Y el payaso no puede aceptar a Israel. ¿Por qué debería ser el pueblo elegido?”. La respuesta, en el cielo. “Si miras las estrellas, mi espiritualidad solo puede pasar a través del patito. Me siento tan insignificante que es un placer”.

Start typing and press Enter to search