La piedra conmemora a un deportado asesinado en Gusen, en la calle donde su madre lo aguardaba cada mañana.
Desde el pasado sábado, 14 de febrero, se puede encontrar un nuevo Stolsperstein en la calle Pedro Rogel, en Tetuán. Esta piedra, dedicada a la memoria de los deportados en los campos de concentración nazis, honra a Fidel Hernández Barrigón, quien fue asesinado en el campo Gusen el 15 de mayo de 1943.
El evento del sábado fue tranquilo. En otras ocasiones, durante la colocación, se instalan varias piedras en el mismo distrito, algo que pronto sucederá en Vallecas. Estas jornadas, a veces maratonianas, atraen a más personas y tienden a ocupar el espacio público. Sin embargo, en este acto íntimo y singular –en una pequeña calle y sin prisas– la atención se dirigió completamente hacia el homenajeado y su legado.
Casi siempre hay familiares del deportado presentes. En esta ocasión, la persona de más edad era Fidel Pérez, sobrino de Fidel Hernández Barrigón, quien le dio nombre. También estaban sus dos hermanos, Antonio y Eduardo, que colocaron en el hueco de la piedra piedrecitas recogidas in situ por Isabel y Jesús, los promotores de Stolpersteine en Madrid. Además, asistieron las hijas de Fidel y amigos de la familia.
Un aspecto constante en el ritual de colocación de los Stolpersteine es que el familiar de un deportado que ya tiene su piedra entrega la suya a quien va a instalarla. En esta ocasión, fue Roberto Gil, nieto de Fortunato Gil Aldea (quien tiene su piedra en la calle de El Escorial), quien pasó el testigo a Fidel, quien leyó la biografía de su tío y compartió algunos recuerdos familiares y del barrio donde creció.
La emotiva historia de una madre bajando a la esquina cada mañana para aguardar a su hijo

Según su sobrino, Fidel, quien era miembro de UGT y de las Juventudes Socialistas Unificadas, fue uno de los muchos milicianos de la zona que se ofrecieron como voluntarios para el Quinto Regimiento, que se estableció en el cercano colegio de los Salesianos de Estrecho en los primeros momentos de la defensa de Madrid.
Conversamos con su sobrino Fidel, de 81 años, que vive en el barrio de Malasaña. Rememora su infancia en la zona. “Madrid terminaba en Federico Rubio y Galí”, dice, recordando cómo los niños del barrio jugaban en el Canalillo, junto a una cascada que intenta recuperar en su memoria, y paseaban entre las huertas del lugar.
A sus recuerdos alegres se entrelazan momentos más dolorosos vinculados al clima de la época. “No se hablaba de estas cosas en la posguerra, había un miedo cerval”, explica. Su propio padre cruzó la frontera hacia Francia al final de la guerra, aunque finalmente pudo regresar a España. “Él vivió razonablemente bien en el campo porque tallaba ajedreces de madera”, detalla. Sin embargo, su hermano Fidel no tuvo la misma suerte.
Aunque no se conocen detalles exactos de su periplo en Francia, se estima que se unió a uno de los batallones de trabajo mediante los cuales los internados en campos de concentración franceses podían salir. Esto lo llevó a trabajar cerca de Estrasburgo, donde fue internado por el ejército alemán en Stalag V-D, situado en el campo de fútbol de la ciudad. Desde Estrasburgo fue trasladado a Mauthausen, donde llegaron muchos prisioneros españoles, y catorce meses después a Gusen, un campo auxiliar del primero, donde fue asesinado el 15 de mayo de 1943.
La noticia de su muerte, sin embargo, llegó tarde a su familia. “Mi abuela salía todos los días a la calle a esperarlo, a la esquina de San Raimundo con Pedro Rogel”, relata Fidel. Cree recordar que el sufrimiento de su abuela aumentó por noticias, aparentemente esperanzadoras, de un vecino también deportado que lo vio con vida antes de regresar a España. La familia no recibió la noticia de su fallecimiento hasta que en la década de los sesenta el gobierno alemán y la Cruz Roja se pusieron en contacto con ellos para notificar que se les había concedido una indemnización.
Fidel expresa su gratitud hacia Isabel, Jesús y el resto de voluntarios de la familia Stolpersteine en Madrid, a quienes conoció la mañana de la colocación. Durante esa mañana de San Valentín, un enamorado olvidadizo y poco generoso del barrio se llevó las flores puestas junto a la piedra poco después de la ceremonia. Pero eso importa poco, ya que ahora hay una piedra en la calle, junto al lugar donde estaba la casa familiar de Fidel. Tiene un pequeño resalte diseñado para que tropecemos ligeramente con ella y aprendamos a recordar. La inscripción dice: “Aquí vivió Fidel Hernández Barrigón. Nacido 1915. Exiliado Francia. Internado Estrasburgo. Deportado 1940. Mauthausen. Asesinado 15-5-1943. Gusen”.



