La UE enfrenta un desafío crucial con la propuesta de usar activos rusos para prevenir la quiebra de Ucrania | Internacional
A pocos pasos de los bullevares comerciales y del bullicio del centro de Bruselas, en un rascacielos poco atractivo, se ubica la institución financiera que tiene la clave de una de las decisiones más importantes de la Unión Europea en tiempos recientes. Euroclear, una entidad belga de liquidación y custodia de valores no muy conocida, ahora está en el centro de atención. Este organismo gestiona fondos rusos valorados en 193.000 millones de euros, la mayoría de los cuales pertenecen al Banco Central de Rusia, los cuales están inmovilizados desde 2022 a causa de las sanciones impuestas al Kremlin tras la invasión de Ucrania. La UE está considerando entregar a Ucrania más de 92.000 millones de esos fondos rusos que tiene bajo custodia como un «préstamo de reconstrucción» para ayudar al país a mantenerse a flote.
La decisión, impulsada por la Comisión Europea y países como Alemania, centerá la cumbre europea del jueves y viernes en Bruselas, representaría un cambio significativo en la política de sanciones de la UE hacia Rusia. Con esta iniciativa, Europa arriesga su prestigio. «No seamos ilusos. Si no lo conseguimos, la capacidad de acción de la UE se verá gravemente afectada durante años, si no más», afirmó el canciller alemán, Friedrich Merz, el lunes en Berlín.
Sin embargo, tanto Euroclear —una compañía que gestiona las dinámicas del mercado bursátil, asegurando que las acciones, ventas y transacciones transfronterizas operen correctamente— como Bélgica, el país donde esta entidad se estableció hace décadas buscando sus derechos de propiedad, que son de los más sólidos en Europa, se oponen a la propuesta.
Mientras tanto, los socios europeos de Kiev defienden la idea. En un contexto de presupuestos muy restringidos, argumentan que esta es la única solución viable y rápida para ofrecer un apoyo financiero a Ucrania en un momento crítico. La UE se encuentra ahora debatiendo complejos mecanismos legales para intentar desbloquear la propuesta y convencer a Bélgica y a algunas naciones como Italia, que no ven con claridad esta idea. Tampoco Bulgaria o Malta están a favor. ¿Su opción preferida? La deuda conjunta, que choca con el rechazo decisivo de Alemania y Países Bajos.
La hoja de ruta sigue avanzando. La semana pasada, una mayoría de los Estados de la UE aprobó un mecanismo de emergencia inusual, diseñado para crisis o catástrofes naturales, permitiendo congelar indefinidamente esos fondos (en lugar de tener que renovar las sanciones cada seis meses) y hacerlo por mayoría en lugar de por unanimidad. Este fue un primer paso muy significativo para acceder a ese dinero y evitar el veto de los socios alineados con el Kremlin, como Hungría.
La cumbre del jueves y viernes en Bruselas será realmente intensa. El Gobierno belga argumenta que este apoyo financiero para Kiev podría ser muy perjudicial, no solo para su país, sino también para todo el mercado europeo y su prestigio. Sostienen que esta fórmula europea podría abrir una brecha y sentar un precedente para tomar decisiones similares con otros actores globales que tengan fondos bajo la custodia de Euroclear o en otras instituciones financieras. Países como China, India y otros con grandes reservas en Europa están siguiendo de cerca cómo se desarrollan los acontecimientos.
Demandas de Rusia
Rusia, que ya ha interpuesto demandas contra la entidad belga por daños y perjuicios al no poder acceder a sus fondos, ha advertido que si se abre la caja de Euroclear y de otros países como Francia, que también tiene fondos rusos en bancos privados, y se disponen de esos fondos para Ucrania, lo considerará un “motivo de guerra”.
Euroclear, que gestiona 42,5 billones de euros en depósitos, mantiene un perfil bajo. Su directora ejecutiva, Valérie Urbain, afirmó en una entrevista con Le Monde hace un mes (una de las pocas veces que se ha manifestado) que no descarta demandar a la UE si el esquema legal elegido para utilizar los activos soberanos rusos congelados resulta en su confiscación.
De esa conversación se desprende que Urbain, que tiene guardaespaldas debido a amenazas recibidas, está preocupada por el futuro de su entidad. “Somos un eslabón crucial que debe permanecer infalible para la estabilidad de los mercados financieros”, afirmó al diario francés.
La presión sobre Bélgica está aumentando. Los representantes de los Estados miembros están revisando la última propuesta legal de la Comisión Europea que busca garantizar al Gobierno belga que se mutualizará el riesgo sin importar lo que suceda.
Hasta ahora, el uso de esos activos rusos había sido diferente. El año pasado, la UE aprobó utilizar los rendimientos que generan para otorgar un importante préstamo a Ucrania. Ahora, lo que se propone es sin precedentes. La idea del Ejecutivo comunitario es utilizar los saldos de los activos rusos para emitir un préstamo a Ucrania a interés cero, que solo tendría que ser devuelto si Rusia, al finalizar la guerra, paga por los daños causados. A cambio, los Estados miembros ofrecerían una garantía.
Adicionalmente, se propone un esquema de tres puntos para Bélgica: que el país pueda acceder a financiación equivalente al paquete total si enfrenta demandas legales o represalias de Moscú; que pueda contar con esa financiación independientemente de las garantías financieras que cada país de la UE ofrezca; y que no se transfiera el dinero hasta que las garantías estén vigentes, según explican fuentes diplomáticas.
Los Veintisiete también discuten, como parte de la propuesta, que todos los países que aún tengan tratados bilaterales de inversión con Rusia (como España, por ejemplo) los rescindan simultáneamente. Sin embargo, esto no elimina totalmente las posibles represalias del Kremlin, dado que esos acuerdos cuentan con cláusulas temporales que aseguran la protección.
Desde una perspectiva política, la mayoría ya tiene las manos en la caja. La idea no es solo proporcionar este apoyo financiero a Ucrania, sino también elevar el componente simbólico: que sea Rusia quien asuma la responsabilidad de los daños. Sin embargo, no todos los economistas y expertos están convencidos de esta estrategia.
Ursula García, socia fundadora de finReg 360, un despacho de abogados especializado en regulación financiera, advierte que para proceder con la toma de los activos, es necesario contar con un “amparo legal sólido”. Este aspecto es crucial para ella. No hacerlo adecuadamente podría abrir la puerta a litigios en tribunales internacionales durante muchos años, con la incertidumbre de cuál será el resultado para una institución clave en los mercados financieros.
Para Judith Arnal, investigadora del Instituto Elcano, hay dudas jurídicas “muy significativas en dos aspectos”. “Desde el derecho internacional público, existe el principio de inmunidad soberana que protege los activos de los Estados, incluso en contextos de sanciones. Aunque la UE ha inmovilizado legalmente estos activos mediante sanciones, movilizar el principal, no solo los rendimientos, entra en un terreno legal más incierto y podría ser objeto de impugnaciones ante tribunales internacionales”, señala.
“Desde la perspectiva de Bélgica, el problema se vuelve aún más concreto: Euroclear, como entidad domiciliada en Bélgica, tiene la obligación legal contractual de devolver los activos a su propietario legal, que sigue siendo el Banco Central de Rusia. Si la UE toma prestados esos saldos y los entrega a Ucrania, Bélgica se convierte en la jurisdicción que asumiría una obligación de reembolso de 185.000 millones de euros si se levantan las sanciones, además de exponerse a posibles represalias rusas de naturaleza cibernética, energética o de otra índole”, agrega Arnal.
La también investigadora del Centro de Estudios de la Política Europea ha elaborado una propuesta junto con el director de este think tank que solo se centra en el uso de los rendimientos generados por los activos inmovilizados, creando una herramienta financiera extraordinaria que “evita tocar los activos principales, reduce drásticamente la exposición legal y geopolítica de Bélgica, y utiliza instrumentos financieros convencionales que los mercados comprenden perfectamente”.
Arnal —así como otros analistas como Wolfgang Münchau— apuntan que ejecutar la propuesta de la Comisión sin precauciones podría establecer un “precedente que erosione la confianza de otros bancos centrales [no solo el ruso] en mantener reservas significativas en euros en infraestructuras europeas [como Euroclear], debilitando el atractivo del euro como moneda internacional”.


