Mañanas en la Castellana, tardes en Fuencarral y noches en Arganzuela: el ritmo de vida en Madrid.


En el bolso de Mar durante el invierno siempre hay unos guantes de lana y un grueso pañuelo para proteger su garganta del viento. Cada mañana camina unos metros hasta llegar a La Plaza de la Cebada, donde toma una bicicleta. Desde allí, pedalea durante unos quince minutos, sin mucho esfuerzo ya que su vehículo es eléctrico, hasta la Facultad de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, donde cursa su doctorado. Al llegar, se encuentra con más bicicletas que anclajes disponibles y algunas ya están apiladas. Seis horas después, realiza el trayecto de regreso y vuelve a dejar la bicicleta cerca de su hogar. Podría optar por el autobús o el metro para este recorrido, pero desde hace meses prefiere la bici porque es más rápida y le permite disfrutar de la ciudad. Al igual que ella, hay alrededor de 168.000 usuarios en la capital que utilizan el servicio público de Bicimad.

La estación que Mar usa como punto de inicio es, además, la más concurrida, seguida de la de la calle Antonio López, en el distrito de Usera, y la de la céntrica Plaza de Lavapiés. En total, el servicio de Madrid cuenta con unas 7.700 bicicletas distribuidas en las 634 estaciones que abarcan todos los distritos. Según los datos de Bicimad, en promedio, cada día se utiliza cada bicicleta unas 3 veces y el tiempo medio de los trayectos es de 13-14 minutos para recorrer aproximadamente 2,5 kilómetros. En 2025, el total de viajes superó los 13,7 millones, un incremento de cerca del 40% respecto al año anterior.

El trayecto de Mar es uno de los más comunes. Según datos de El Confidencial, recopilados durante 12 días distintos entre el 25 de noviembre de 2025 y el 15 de diciembre, a través de registros de la EMT y el Ayuntamiento de Madrid, se identifican tres patrones diferenciados según el horario.


Durante las mañanas, entre las 09:00 y las 11:00, hay dos ubicaciones que se saturan de bicicletas mucho más que las demás. En este sentido, destacan las estaciones de Bicimad cercanas a las universidades, particularmente la parada de la Facultad de Biología en Ciudad Universitaria, que es la más concurrida. De hecho, en este lugar es común ver muchas más bicicletas que anclajes disponibles, lo que lleva a los usuarios a dejarlas amontonadas.

Por otro lado, también hay un gran número de usuarios que llegan durante esta franja horaria hasta el eje que conecta el Paseo de las Delicias, el Paseo del Prado, Recoletos y la Castellana, hasta las cuatro torres. En esta línea recta que cruza la capital de norte a sur, se concentran edificios de oficinas y muchas de las principales atracciones turísticas de la ciudad. De todas, la estación donde más usuarios dejan las bicicletas a primera hora de la mañana es la ubicada en el cruce de la Avenida General Perón con la calle Poeta Joan Maragall, a solo tres minutos a pie del estadio Santiago Bernabéu y de Azca, el núcleo financiero de Madrid.

En la tarde, entre las 14:00 y las 17:00, las bicicletas siguen presentes en las mismas áreas que durante la mañana, pero poco a poco comienzan a dispersarse hacia zonas más periféricas de la capital como Arganzuela (Paseo Imperial), Villa de Vallecas (en la parada de metro de La Gavia o la calle de La Granja de San Ildefonso) o Fuencarral-El Pardo (la estación cercana al metro de Barrio de El Pilar es destacable). Por la noche, a partir de las 20:00, la mayoría de bicicletas permanecen en el distrito de Arganzuela (Matadero, Paseo de Yeserías, Virgen del Puerto, Paseo Imperial o Jaime el Conquistador) y en San Blas-Canillejas, donde destacan las estaciones junto a la boca del metro Torre-Arias o la de la calle Troya.

Un usuario mientras coge una bici en Nuevos Ministerios (EFE/Zipi)

El pasado 8 de septiembre, este transporte público alcanzó su máximo histórico de viajeros: solo en esa jornada -que el Ayuntamiento decidió que fuese gratuita- unas 66.000 personas utilizaron el servicio. La baja accidentalidad es, además, otro de los puntos fuertes de este medio de transporte. En general, los incidentes con todas las bicicletas representan cifras ínfimas cada año: en 2025 fueron menos de un 0,009% del total de viajes.

A pesar de lo positivo de esta cifra, tanto expertos como usuarios no perciben a Madrid como una ciudad diseñada para este tipo de transporte. «No es nada amigable y aun así los números de Bicimad son realmente buenos. El principal problema es la falta de continuidad en los carriles bici. La forma en que están ahora demuestra que no es la solución. A menudo se llenan de peatones», explica Miguel Ángel Ajuriaguerra, doctor en Arquitectura, integrante de Madrid Borde Sur y profesor en la Escuela de Ingeniería de Fuenlabrada, y añade: «El anillo verde ciclista, que va entre la M-30 y la M-40, es un buen intento y podría funcionar. Pero, hasta ahora, se ha diseñado como un carril pensado para el ocio y no para la movilidad en sí. Lo ideal sería algo más extenso que también contemple las ciudades vecinas a la capital».


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Miguel de Andrés lleva años moviéndose por la ciudad en su bicicleta, es presidente de la Asociación Pedalibre -una organización de ciclistas urbanos de Madrid- y utiliza frecuentemente el servicio de Bicimad. A pesar de sumar kilómetros al contador cada día, siente que la capital aún tiene mucho por mejorar. «La existencia de un servicio público como Bicimad es algo que celebramos y apoyamos, pero no es suficiente», señala. «A Madrid le hace falta una verdadera red ciclista. Existen carriles que son aceptables, como los de Doctor Esquerdo o Santa Engracia, pero hay otros en los que la protección es escasa, como en Pintor Rosales, y vías donde es peligroso circular, como en Atocha. Se necesita crear un anillo que rodee toda la ronda histórica de Madrid y gradualmente conecte con los distritos y barrios», precisa De Andrés.

Para Ajuriaguerra, la solución para Madrid podría implicar un uso adecuado de los carriles limitados a velocidad 30 donde puedan coexistir coches y bicicletas. «Los conductores deben adaptarse a la presencia de bicicletas y, por supuesto, respetar esa velocidad. Desde una perspectiva urbanística, la bici también es un vehículo, y como tal, debería circular por la calle, no por las aceras. El problema es que el tráfico en la capital es muy agresivo. Pero todo lleva tiempo. Los patinetes ya han demostrado que ciertos vehículos pueden ser peligrosos, especialmente cuando comparten espacio con los peatones. Es un tema de concienciación».

En Pedalibre abogan por la creación de más sucursales de Bicimad cerca de las estaciones de metro y autobús. «Ese es el modelo que utilizan países como Holanda. Dejas la bicicleta fuera de la estación, subes al tren y cuando bajas, tienes otra bicicleta esperándote«, enfatiza. De Andrés también señala la necesidad de implementar políticas que prioricen este tipo de transporte sobre otros. «Por ejemplo, en el espacio entre un carril ciclista y el siguiente, las calles que sean de un solo sentido para coches podrían ser de doble sentido para bicicletas. O que los semáforos, cuando hay un giro, se mantengan en verde, siempre que sea posible, para las bicicletas». Y concluye: «El espacio público debe fomentar formas de movilidad más sostenibles en lugar de favorecer coches que cada vez son más grandes y, según los datos, solo transportan a una persona por viaje».

En el bolso de Mar durante el invierno siempre hay unos guantes de lana y un grueso pañuelo para proteger su garganta del viento. Cada mañana camina unos metros hasta llegar a La Plaza de la Cebada, donde toma una bicicleta. Desde allí, pedalea durante unos quince minutos, sin mucho esfuerzo ya que su vehículo es eléctrico, hasta la Facultad de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, donde cursa su doctorado. Al llegar, se encuentra con más bicicletas que anclajes disponibles y algunas ya están apiladas. Seis horas después, realiza el trayecto de regreso y vuelve a dejar la bicicleta cerca de su hogar. Podría optar por el autobús o el metro para este recorrido, pero desde hace meses prefiere la bici porque es más rápida y le permite disfrutar de la ciudad. Al igual que ella, hay alrededor de 168.000 usuarios en la capital que utilizan el servicio público de Bicimad.

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