Puente de Vallecas: La comunidad que surgió durante la pandemia se une para proporcionar material escolar gratuito en este barrio de bajos ingresos de Madrid | Noticias de Madrid
Aisha, de 7 años, ya ha perdido el entusiasmo por las vacaciones de verano y está contando los días para regresar a la escuela. “Tengo muchas ganas de volver a ver a mis amigos”, comenta la niña. Su madre, Alejandra Suárez, también está emocionada por el regreso a clases y por el hecho de que su hijo más pequeño, Alejandro, de 10 meses, finalmente podrá empezar en la guardería la próxima semana. Desde el nacimiento de su hijo menor, Alejandra tuvo que quedarse en casa a tiempo completo, ya que no tenía a nadie que pudiera cuidarlo. Ahora, al igual que su hija, marca en el calendario los días que faltan para volver al trabajo. “Claro que sí, ya me toca”, dice la madre con el tono meloso que se utiliza para hablarles a los bebés. Ambas tienen ansias de retomar la rutina, pero hay un aspecto que las inquieta: ni Aisha ni Alejandro tienen aún mochila, y en el caso de la niña, tampoco disponen del resto de material escolar necesario para iniciar el curso. Con un poco de fortuna, recibirán lo que no pueden costear a través de la Asociación Vecinal Somos Red Entrepozo VK, de la cual son miembros desde hace varios años.
La Asociación Somos Red Entrepozo VK se formó durante la pandemia para asistir a los hogares del barrio El Pozo del Tío Raimundo, en el distrito de Puente de Vallecas, que carecían de recursos, por ejemplo, para realizar la compra. Desde entonces, cientos de familias han participado en la iniciativa, y actualmente son 60 las que forman parte de este esfuerzo comunitario, donde los beneficiarios también se convierten en voluntarios que recogen, organizan y distribuyen las donaciones que llegan de empresas, particulares y cualquier persona que desee contribuir para facilitar la vida de los demás.
En estos días, la asociación está también en modo de vuelta al cole, no solo porque retoman el trabajo de voluntariado tras un mes de descanso, sino también porque están recopilando otro año más material escolar de segunda mano para las familias más necesitadas. Sin embargo, a pocos días del inicio de clases, la recolección no ha ido como se esperaba. “Estamos preocupados, hemos recibido muy poco”, confiesa Adriana Popa, presidenta de la asociación.
La Comunidad de Madrid es la autonomía que más invierte en gastos escolares para las familias, según el informe de 2025 de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), con un promedio de 3.188 euros para cubrir todo lo necesario en un año escolar. Aunque esta cifra no se desglosa por regiones, la media nacional para equipar a cada estudiante para el primer día de clases se sitúa en más de 500 euros, incluyendo material escolar, uniforme (si es necesario) o ropa y calzado, junto con el pago del comedor y otras cuotas.
Alejandra y su familia residen allí, en El Pozo, uno de los barrios con los ingresos más bajos de Madrid. Según los últimos datos del INE, que datan de 2022, los ingresos medios de las familias de esta área apenas superaban los 15.000 euros anuales. Alejandra señala que su familia ha sobrevivido desde el nacimiento de su hijo menor con un solo sueldo, el de su marido, y así han tenido que gestionar los gastos de cinco personas, incluyendo a su hija mayor, de 19 años. “La escuela es un gasto enorme, todo es carísimo. No puedo asumirlo todo”, se lamenta.
Solo los libros nuevos que necesita Aisha le han costado 150 euros, teniendo en cuenta que han logrado ahorrar una buena parte gracias a los préstamos del Plan Accede. A eso hay que sumarle el uniforme, ya que Alejandra decidió inscribir a su hija en un colegio privado por razones que, según ella, eran incontrolables. “Mi hija mayor sufrió mucho bullyng en el colegio público del barrio y no quería que la segunda pasara por lo mismo otra vez», explica. En total, han tenido que desembolsar alrededor de 400 euros, y aún les falta la otra mitad. Esta cifra es prácticamente inasumible para ellos.
Las tardes de esta semana han sido ajetreadas en la asociación. Mientras unos preparan cajas con los últimos productos recibidos —gazpachos próximos a caducar, geles de baño de diversas marcas, bolsas de azúcar—, otros reenvasan en botellas recicladas el suavizante que una empresa no pudo vender debido a un problema con el envase, para que todos puedan llevarse algo.

Erika Guillén, otra madre asociada, mientras verifica que las latas de leche de fórmula que van a repartir no estén caducadas, comenta que sus dos hijos —un niño de ocho años con discapacidad y una adolescente de 16— también se beneficiarán del material escolar que recopile la asociación. Erika, que se encuentra en proceso de separación, ya ha tenido que gastar 200 euros en los útiles escolares de ambos, lo que representa un esfuerzo adicional para ella, que solo trabaja a medio tiempo. “La asociación me ayuda mucho, sin ella sería más difícil”, dice.
Adriana asegura que el 90% de las familias que acoge la asociación son, en su mayoría, madres solteras, con tres hijos, desempleadas, víctimas de violencia de género y de origen extranjero. “Es gente que lo está pasando muy mal. También hay españoles que tienen ingresos muy bajos o cuyos salarios no alcanzan para nada”, explica. En su sede, ubicada en la avenida de las Glorietas 19-21, hay de todo: alimentos, artículos de limpieza y aseo personal, objetos para el hogar y ropa. En un perchero cuelgan abrigos e incluso un traje de primera comunión, que seguramente alguien se llevará pronto.

Que una familia deje la asociación es motivo de alegría, ya que significa que su situación económica ha mejorado. Sin embargo, cada semana llegan nuevos solicitantes. Principalmente son madres, muchas de ellas solteras, que se acercan a pedir ayuda. En medio del bullicio de la tarde, con cajas y niños jugando mientras los adultos limpian y organizan estantes, tres mujeres se acercan a la puerta y preguntan cómo pueden hacerse miembros. Una de las voluntarias les explica que se organizan en turnos para trabajar en la sede casi todas las tardes, que cada semana van a los supermercados con chalecos de la asociación a solicitar donaciones —la llamada Operación Kilo— y que allí, o hay para todos, o no hay para nadie.
A falta de un local propio, la asociación actualmente comparte espacio con otra organización. Sin embargo, la preocupación más urgente de Adriana, Erika y Alejandra es que, hasta el domingo 7 de septiembre, cuando concluye el periodo de recolección de material escolar, logren reunir todo lo necesario para que cada niño pueda iniciar las clases adecuadamente el lunes. Por el momento, en una caja verde guardan unos cuantos cuadernos donados, y en otra, marcadores y lápices. “Dime, ¿a quién le damos esta?”, dice Adriana mientras muestra la única mochila nueva entre las tres que han recibido.
Recogida Solidaria de Material Escolar 🎒✏️📒
Ante la precariedad de muchas familias obreras y la falta de ayudas públicas: organización y solidaridad.
🗓️ Hasta al 7 de septiembre.
Publicada por La Villana de Vallekas en Lunes, 1 de septiembre de 2025


