Un recorrido por la historia del teleférico en el cielo de Madrid.


El nuevo teleférico de Madrid se inaugurará en 2027 después de unas obras que cuentan con un presupuesto superior a 26 millones de euros. Las 47 cabinas panorámicas y transparentes podrán transportar hasta 10 pasajeros mediante un sistema monocable. La Empresa Municipal de Transportes (EMT) está trabajando en el desmantelamiento del cableado, un paso previo a la demolición parcial de los edificios que solían albergar las dos estaciones, situadas en Pintor Rosales y en el conocido cerro de Las Olivas en la Casa de Campo.

Entre las novedades, también se resalta que la velocidad será mayor en el nuevo teleférico. De los 3,5 metros por hora que alcanzaban las antiguas cabinas, las nuevas podrán llegar hasta los 6 metros por hora, dependiendo de cuántas personas haya en el viaje. La altura máxima alcanzará los 55 metros, mientras que el recorrido se mantendrá en 2,5 kilómetros. Además, las nuevas cabinas soportarán un peso de hasta 1.800 kilos. Estos son los datos más destacados de la nueva etapa que vivirá la atracción tras casi seis décadas de funcionamiento.

Sin embargo, casi no hay documentación que permita contar la historia de este funicular tan singular que surgió en los últimos años del franquismo. Azucena González, ingeniera civil, investigó el teleférico madrileño en 2001 como parte de su trabajo universitario. «El proyecto comenzó a finales de 1966 bajo el nombre de Funicular de doble cable Rosales – Casa de Campo de Madrid. Según las crónicas de la época, las obras enfrentaron varios obstáculos y hubo personas afectadas e indemnizaciones debido a la construcción», recuerda. Sin embargo, el blog de la EMT sitúa en el 19 de julio de 1967 el momento en que se comienza a gestar la idea de construir un teleférico en la capital.

Así serán las nuevas cabinas del teleférico. (Ayuntamiento de Madrid)

La inversión inicial destinada por el régimen fue de 100 millones de pesetas, con un plazo de amortización de 25 años. «La concesión a la empresa privada expiraba en 35 años, es decir, en 2002. Pidieron una prórroga y se la concedieron hasta 2017«, afirma la ingeniera. Desde entonces, el teleférico ha permanecido bajo la gestión de la EMT.

Trazados que nunca llegaron a ejecutarse

González señala que el trazado sufrió alteraciones respecto a las primeras intenciones del proyecto. «Inicialmente, se planeaba que la terminal de Rosales estuviera en la Plaza de España, específicamente en el Templo de Debod. Desde allí, en diagonal y con un recorrido más extenso, llegaría al actual emplazamiento de la Casa de Campo», comenta. Esto no sucedió. Aparentemente, esta trayectoria pasaba por encima de la estación de Príncipe Pío y no se autorizó el trazado. Tampoco se llevó a cabo el monocarril que estaba previsto para conectar la estación de la Casa de Campo con el Parque de Atracciones y el Zoo.

Todo fue construído por la sociedad Teleférico de Rosales S.A. siguiendo las indicaciones técnicas de la empresa suiza Von Roll, especializada en este tipo de infraestructuras. «La inauguración estaba programada para mayo, durante las fiestas de San Isidro, pero tuvo que ser pospuesta debido a la oposición de los vecinos de la colonia Manzanares, quienes argumentaban que la instalación afectaba la privacidad de sus hogares», sostienen en el blog de la EMT.

Una cabina del teleférico atraviesa la Casa de Campo en una imagen de archivo. (EFE/Emilio Naranjo)

El 26 de junio de 1969, el alcalde de Madrid, Carlos Arias Navarro, inauguró el teleférico madrileño como un importante acontecimiento social, técnico y cultural en la capital. «Se trataba de un medio de transporte original y divertido, así como sofisticado para la época. Las pruebas previas a la puesta en servicio fueron de conocimiento público», afirma González, ingeniera civil al frente de la empresa Licon Ingeniería.

Más de 123.000 horas de servicio

Según recuerda, en los primeros años después de la inauguración se alcanzó una media de 6.000 pasajeros diarios, en un momento en que cada cabina permitía un máximo de cinco personas. En ese entonces, la capacidad del funicular era de 1.200 pasajeros cada hora y el trayecto llevaba alrededor de 11 minutos.

El estudio de González indica que, en el antiguo teleférico, Rosales era la estación motriz, mientras que Casa de Campo funcionaba como la estación de reenvío. Ambas estaban conectadas por varios cables, el cable portador, el cable tractor y un cable eléctrico telefónico. «El cable portador, sustentado por seis torres, era el que permitía la circulación de las cabinas a través de poleas. Por otro lado, el cable tractor arrastraba los vehículos que estaban fijados a él mediante pinzas», añade la experta.


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Marina Velasco

Según informes publicados en 2015, Parques Reunidos, a cargo de su explotación, ingresaba 2,4 millones de euros anuales por la gestión del teleférico, pero solo aportaba al Ayuntamiento 8.776 euros como canon, lo que representa el 0,36% de esa cifra. En 2018, ya bajo gestión pública a través de la EMT, acompañada de un cambio de imagen, los beneficios casi llegaron a los 80.000 euros, según reportó Somos Madrid. A lo largo de sus 54 años de funcionamiento ininterrumpido, el teleférico ha proporcionado más de 123.250 horas de servicio.

Un aparcamiento en el teleférico demasiado iluminado

En la actualidad, la Plataforma Salvemos la Casa de Campo es una de las entidades más atentas a las intervenciones que experimentará el espacio verde para la instalación del nuevo teleférico. Carlos Buchó, presidente del colectivo, enfatiza que la idea de un funicular que llegara a la Casa de Campo se propuso en 1932, tras la apertura del enclave al público por parte de la Segunda República. «Se planteó hacerlo desde el Patio de Armas del Palacio Real, pero nunca se llegó a concretar», sostiene.

El teleférico de 1969 sí fue una realidad, al menos hasta 2023. «Después de más de medio siglo de uso, se observó que todas las infraestructuras estaban bastante deterioradas, por lo que se ha decidido reemplazarlas por completo», comenta Buchó. Lo mismo ocurrirá con las estaciones, que serán demolidas. «Parece que las van a diseñar con cristal y una serie de revestimientos de listones de madera. Creo que eso puede funcionar bien en Suiza o Alemania debido a su clima húmedo, pero en España tenemos variaciones de temperatura de casi 50 grados entre el verano y el invierno, por lo que creo que no durarán mucho», expresa.

El presidente de Salvemos la Casa de Campo resalta las dos principales demandas que la Plataforma tiene respecto al teleférico. Por un lado, exigen que los vehículos no puedan acceder a un aparcamiento para aproximadamente 500 coches justo en la cima del cerro de Las Olivas, donde se ubica el teleférico, y que fue construido como acceso a un restaurante y a la estación del funicular. «De los miles de usuarios, ni el 1% utiliza ese aparcamiento, porque la gente no acude al teleférico en coche», subraya.

A esto se suma su petición de no iluminar esta área, o al menos hacerlo hasta una hora límite. «Si observas las fotografías satelitales, toda la Casa de Campo aparece totalmente a oscuras, excepto esta parte, que tiene unos focos impresionantes«, concluye Buchó.

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