Orinando con aroma explosivo: Perspectiva de Lluís Carrasco
Existen entrenadores que hablan solo para llenar espacios en las ruedas de prensa. Otros lo hacen para aparentar control en sus entornos deportivos. Y luego está Pep Guardiola. Con solo abrir la boca, el madridismo siente el olor a quemado… En la previa del encuentro entre el Real Madrid y el Manchester City, el técnico de Santpedor lanzó -con la sofisticación de quien ha perfeccionado el arte de desestabilizar al oponente- un ‘consejo’ a Xabi Alonso: “Mea con la tuya”, es decir: apoya tus ideas sin dudar, a pesar de lo que digan los demás. Traducido al “merengués”: ignora las opiniones del presidente, de los jugadores, de la prensa y de un país que se siente invencible por haber visto quince Champions en la tele, sin cuestionar cómo se lograron.
Pep sabía exactamente lo que hacía. No fue un comentario al azar. Era una auténtica bomba disfrazada de regalo. Mientras sonreía, colocaba el artefacto en el corazón del madridismo, su sala de prensa. Ese espacio en el que sus palabras adquieren un poder casi dogmático… Y una vez más, no orinó colonia, orinó gasolina. Y esta vez, con aroma a napalm.
La magia se desató al día siguiente, cuando Xabi Alonso -sí, ese que el madridismo veía como un hijo pródigo y un heredero silencioso- no solo confirmó las palabras de Pep, sino que las aceptó con una naturalidad que dejó a más de uno sin aliento. El vasco, con su habitual calma, vino a decir: “Sí, Pep me lo dijo. Y sí, tiene razón”. ¡Sacrilegio! el catalán, enemigo número uno, dando lecciones… y su supuesta contrincante, ¡defendiéndolo! Para muchos, una herejía. Para Guardiola, jaque-mate.
El resultado fue cruel: 1-2, y la controversia estaba servida. ¿La polémica? Cocinada. Y el madridismo, como de costumbre, disparando al mensajero: que si Guardiola manipula, que si Xabi Alonso se ha vendido, que si esto es una campaña orquestada desde Catalunya, que si la UEFA, que si… Lo de siempre.
La verdad es mucho más simple (y dolorosa): Pep controla la narrativa mejor que Cervantes. Entra en la sala de prensa del Bernabéu, sonríe, lanza un par de frases… y logra que el rival comience el partido ahogado. Y cuando, además, el aludido respalda sus palabras, ríete del Coronavirus. La pandemia blanca ya es imparable.
Guardiola volvió a jugar su partido. ¡Qué astuto! Sin balón, sin jugadores, sin árbitro y sin VAR. El partido que siempre gana. Y mientras el madridismo intenta hoy aplacar el fuego, Pep se marcha a Inglaterra entre sonrisas culés. Una vez más, han sucumbido ante el mejor. El Barça es líder, el City triunfa, y la castellana… huele a dinamita.



