Qué forma de despedirse


El Barça de Flick destaca por su carisma singular, ya que siempre ha tenido claridad sobre su forma de ganar y, especialmente, sobre su manera de perder. “Qué manera de palmar y qué manera de vencer” repite la letra de Joaquín Sabina en el himno del centenario del Atlético, curiosamente, el equipo que ha causado dos de las derrotas del Barça: la de Montjuïc en la Liga pasada y la eliminación de la Copa esta semana en Camp Nou, situaciones que ilustran a la perfección el carácter orgulloso y decidido de este Barça.


Es imperfecto, como todos. Se conecta con una visión del fútbol ofensiva y atractiva, como pocas. Fomenta un profundo sentido de pertenencia, como ninguna otra. Durante la etapa de Flick, el Barça ha conseguido cuatro títulos y ha sufrido dos derrotas. Con el tiempo, es probable que las caídas se recuerden con tanto orgullo o incluso más que los triunfos. La decepción vinculada a la eliminación en semifinales, ante el Inter en Champions y el Atlético en Copa, no es una anécdota, sino un aspecto diferenciador del barcelonismo, que no es ni mejor ni peor. La identificación con la forma de jugar del equipo pesa tanto como las victorias, ya que las derrotas son escasas. Si no, la situación cambiaría, ya que nadie compite para perder. Ni siquiera el barcelonista, a menudo visto como un extraño por este rasgo que algunos confunden con una supuesta superioridad moral.

El Barça ha demostrado tener una versión superior en su juego para esta fase final de la temporada. Firme en sus principios, ha enseñado que una línea defensiva expuesta facilita una mejor presión cuando no se regulan los esfuerzos y que no es tan vulnerable en defensa si mantiene alta la tensión y concentración en los duelos, ya sea tras perder el balón o en situaciones de emergencia.

Cubarsí merece una mención especial por su impresionante partido, y Gerard Martín enfrentó las situaciones críticas con menos desventajas, ya que el rival atacaba el espacio forzado por la presión del Barça. Esa intensidad en la recuperación del balón solidifica la defensa y alimenta el ataque tras cada recuperación. No obstante, cuando se usa selectivamente, surge inevitablemente la vulnerabilidad. Convertir la elección en un hábito constante es lo que define la continuidad de un campeón.

El córner en corto

A menudo visto como un esnobismo elegante, el Barça ha sacado mucho provecho esta temporada de los lanzamientos en corto de los córners. Ya se han registrado quince goles esta temporada procedentes de saques de esquina, ya sea en jugadas iniciales o segundas, de los cuales nueve han sido en corto y seis en largo. Se han logrado de diversas maneras. Con disparos exteriores al primer pase, como el de Pedri en el campo del Levante, o de Fermín ante el mismo rival en casa, o de Lamine Yamal contra el Mallorca; mediante centros diagonales como el de Cubarsí ante el Girona o Koundé contra el Eintracht; o llevando el balón a la otra banda para un centro lateral, como el de Eric en Oviedo o Marc Bernal ante el Levante. El laboratorio de jugadas de balón parado en ataque está funcionando, otro aspecto que marca diferencias en momentos clave. No es una casualidad.

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